miércoles, 15 de febrero de 2017

Mirando y sintiendo Vista Alegre II


Vista Alegre II fue una de las experiencias políticas más intensas e interesantes que he vivido. 

Fue un espacio para repensar PODEMOS, para recordar que PODEMOS es un partido que debe tener siempre presente y nunca debe olvidar, que nació de la movilización y la lucha en la calle, con la gente de a pie, para la gente de a pie y de la gente de a pie.

Quienes resultaron electos en el Consejo Ciudadano Estatal, están obligados a tener presente el mandato de unidad. Deben reflexionar seriamente para que los egos les pesen menos. Tener presente que el compromiso es con la movilización, con la calle, las luchas, las necesidades y aspiraciones de la gente por vivir digna y felizmente. ¡Por el buenvivir!

Como mujer de origen latinoamericano y migrante, asumí una responsabilidad, di un paso al frente y presenté mi candidatura al Consejo Ciudadano Estatal, lo hice con valentía y alegre rebeldía. Fue producto de una reflexión colectiva, que nos lleva a pensar que las nuevas ciudadanías de origen migrante, somos parte del este país plurinacional y hemos sido y somos protagonistas en la construcción del nuevo horizonte político español. Porque es urgente que en PODEMOS, las diferentes identidades que conformamos la sociedad estemos presentes en todos los espacios. Al igual que en todos los espacios de la sociedad.

Me presenté como candidata al CCE, porque estoy convencida que las mujeres migrantes debemos tener un espacio en la mesa, en el campo de disputa, participando de frente, con voz propia, sumando nuestros saberes, experiencias feministas y de lucha política. Mi candidatura a los círculos sectoriales en el CCE, sitúa el feminismo que busca aportar a la construcción de un feminismo más diverso, más plural, menos blanco, que despatriarcalice, feminice pero que también decolonice. 

 Vivir y sentir la piel un proceso migratorio, no es fácil, meterse a hacer política partidaria "siendo la otra" es un asunto complicado. La política es fuerte y es es más dura si una es una mujer migrante. Se me hace difícil explicar en un post todo lo que esto conlleva. Lo estoy escribiendo, ahí está en papelitos de diferentes colores, algún día los ordenaré y lo contaré.

Por ahora, quiero agradecer cada gesto solidario, cada muestra de cariño, cada abrazo, cada palabra certera, cada hombro donde pude llorar y cada mirada con la que pude reír. Algunas personas no pueden entenderlo; yo no concibo la vida ni la política sin intelecto, pasión, ternura y afecto.

La política que me interesa y la que me gusta hacer, es la de gente, en donde se sumen las voces , conocimientos y experiencias para luchar y resistir a este sistema patriarcal, racista, colonial, capitalista y neoliberal. En lo personal poco me interesan las alfombras rojas, las moquetas suaves y elegantes o una silla donde posar el culo. 

La política que me gusta es la que se hace con amor. Parece difícil que el amor y la política, puedan ir de la mano. Pues yo lo trato de hacer, con todas las imperfecciones pero trato de hacerlo. Nunca me cansaré de repetirlo, la política es para servir, es para poner al servicio de la gente la fuerza y la experiencia. 

Finalizó Vista Alegre II, no resulté electa, quedé en un feliz quinto lugar, de treinta siete candidaturas. No lo asumo como una derrota, mis compas de equipo y yo dimos un paso importante. Nunca he estado sola en este proceso. Mi candidatura fue un trabajo y una decisión en equipo, porque la política es construir colectivamente.

Agradezco a mis compas de Marea Latinoamericana, sobre todo a mi amiga Noelia Carrizo por su sororidad e inteligencia. A Erik por creer que era, que es y será posible. Por enseñarme a mirar de otra manera, más pausada; por confiar y dejar la piel, pero sobre todo le agradezco el cereal con leche caliente. ¡Gracias Colibrí!
 A mi querido Gabriel, le tengo gran gratitud, vaya Gabito que fotos hizo y que alegría e ilusión con que se involucró. Nos divertimos, nos enojamos y nos abrazamos.

También agradezco a Dina por el cariño y la sonrisa, a Rita por darme fuerza y ejemplo, a Juan Carlos por comprender, escuchar y apoyar.

Txema le doy infinitas gracias por todo el cariño, la solidaridad y esa energía y alegría revolucionaria que irradia, por el apoyo individual que pasó a ser colectivo. Agradezco la confianza y por estar. 

A LItzi por lo que me enseñó. A mi amiga Paloma porque entendió, como feminista, la necesidad de mi candidatura. A quienes ayudaron con ideas, diseños, y miradas. 

A quienes respetaron la libertad y la insumisión; el afecto, el delirio y la utopía. 

Agradezco cada uno de los votos, pero agradezco más, cada muestra de cariño, cada sonrisa y cada una de las palabras de afecto que he recibido estos días. 

Terminó Vista Alegre II, sigo apoyando al Área de Migraciones y a la Secretaría de Feminismos y LGTBI de la Comunidad de Madrid. Continúo colaborando con Rosa, en el área Municipal de Feminismos y LGTBI, sigo involucrada con el Círculo de Feminismo Madrid, sobre todo con los proyectos de formación. 

Seguimos empujando el proyecto de Marea Latinoamericana. Sigo aportando con las asociaciones en que participo OBETI, Integrando. 

Seguiré incidiendo, desde la llanura, para la construcción de un PODEMOS más plural y diverso, más rebelde y transgresor, más revolucionario y horizontal. nUn Podemos feminista con los feminismos del Sur, un Podemos de la política de la calle y no sólo de la política institucional. Un PODEMOS sin paredes, que se decolonice adentro para decolonizar lo de fuera. 

Sigo sumando mi voz y energía a las luchas, las grandes y las pequeñas. 
Sigo sonriendo, que en este tiempo hacerlo es también un pequeño acto de revolución. 
¡Sigo andando!

(fotografía de Gabriel Solís - HHLab)

Ana Marcela Montanaro Mena.


martes, 7 de febrero de 2017






Soy Ana Marcela Montanaro, me presento como candidata a representante de los círculos sectoriales en el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos.

Nací en Costa Rica, vivo y tengo mi corazón en Madrid.

Soy Abogada, Máster en Derechos Humanos, feminista y activista social. Fundadora de Marea Latinoamericana.

Doy un paso al frente y presento mi candidatura con alegre rebeldía. Esta es producto de una decisión colectiva. Asumo esta responsabilidad, como siempre lo hecho, con valentía, con la fuerza de mis palabras y desde la praxis del compromiso más allá de un asunto personal.

Como mujer migrante y desde mi experiencia política, estoy convencida que se debe feminizar, despatriarcalizar y decolonizar Podemos con nuestra presencia, voces, saberes y miradas. No imagino que en esta enorme tarea de refundar PODEMOS quede excluido el saber político y militante de las mujeres migrantes.

Convencida que puedo sumar e incidir de manera directa en el rumbo de Podemos, sumo mi voz, capacidades y mi sonrisa a la construcción de un Podemos más plural, diverso, horizontal, rebelde y transgresor. ¡Un Podemos que se re-invite a partir de todas en su andar!

No creo que el futuro de PODEMOS radique en disputarse la hegemonía interna. Creo en la política del buen vivir, el amor, el servicio y la alegre rebeldía.

Vista Alegre II es una oportunidad histórica, ese día tendremos que votar no solo por las grandes listas, sino por la representación de los círculos sectoriales. Les animo, les invito, les pido su confianza, VOTEN por mí de manera presencial este fin de semana en la Asamblea de Vista Alegre II. 


El servir a las demás personas trae consigo, la satisfacción del deber cumplido. Recuerdo, la frase de José Martí que desde niña me repitió y enseñó mi padre: "El deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente". Y en este caso y como dice Fito Páez: "Yo vengo a ofrecer mi corazón".

Ana Marcela Montanaro Mena.

domingo, 5 de febrero de 2017

Pensando sobre el feminismo autónomo y decolonial en América Latina






En la década de los 90 del siglo pasado, las feministas latinoamericanas empezaron a ligarse al proceso de transnacionalización del movimiento feminista, lo que provocó que las luchas y activismo local, que se caracterizaban por ser beligerantes y de resistencia a las dictaduras, pasara a enfocarse en la participación en las grandes Conferencias de Derechos Humanos, siendo la más relevante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995).
De ser colectivos autónomos y con una agenda política propia, se empezaron a transformar en organizaciones no gubernamentales (ONGs), para suplir “al estado de estructuras organizativas y vínculos con las mujeres de los sectores populares para implementar sus políticas sociales neoliberales” (Mendoza, 2014a: 253). Así pasaron a ser dependientes del financiamiento de organismos internaciones y de agendas políticas transnacionales.
Al mismo tiempo, muchas mujeres que venían del movimiento feminista y otras que se han vinculado, han irrumpido en el escenario político a raíz de la creciente institucionalización estatal visible en ministerios e institutos de Mujer, por las cuotas de participación política y por las políticas públicas con perspectiva de género. Abanderándose de un discurso y una praxis de “género”, pero vaciado de compromiso ético –político con las demandas de aquellas mujeres sobre las que recaen las políticas neoliberales.
En América Latina, la colonialidad de las prácticas discursivas de los feminismos hegemónicos se evidencia no sólo en la reproducción de estrategias para conformar a las otras del feminismo latinoamericano, sean las mujeres de los pueblos indígenas, las afrodescendientes, las obreras, las lesbianas, las campesinas, las trabajadoras del sexo, las mujeres pobres, sino que también en el advenimiento de “una colonialidad intrínseca a los discursos producidos por los feminismos latinoamericanos” (Espinosa, 2009: 45) que se visualiza en la dependencia con los feminismos hegemónicos occidentales, que determinan los lineamientos políticos del feminismo local y, con ello, la absorción de mujeres subalternas quienes han sido silenciadas por las mujeres no solo representantes de las oligarquías internas y de las feministas hegemónicas latinoamericanas.
Coincidiendo con la feminista boliviana Julieta Paredes, se asume que con el auge de las políticas neoliberales, impuestas en América Latina desde inicios de los años ochenta, y siendo la década de los noventa donde estas empiezan a ser más fuertes, los organismos internacionales se valieron de la cooperación al desarrollo, que asumía como premisa necesaria de todo proyecto:
 La llamada equidad de género, dotada de su estrategia, el empoderamiento de las mujeres fue parte del discurso:
[…] de la llamada gobernabilidad (el control de los estallidos populares), impuesta desde organismos internacionales como el BM (Banco Mundial) y el FMI (Fondo Monetario Internacional). La gobernabilidad tiene como objeto aplacar cualquier amago de insubordinación a las políticas económicas, en este caso, a las políticas neoliberales, con la amenaza de: o te incluyes o serás excluido y excluida de los circuitos de circulación de capital, de la información, del desarrollo, del empleo y de la modernidad capitalistas. (Paredes, 2012:92)
En medio de este contexto, un grupo de feministas autónomas, iniciaron el desarrollo de un pensamiento teórico y una praxis política que pretendía que las intersecciones de desigualdades de raza, etnia, clase, sexo, y género, en que vive un gran porcentaje de las mujeres latinoamericanas, sean visibilizadas, y emergen voces que además de reivindicar y problematizar dichas condiciones de raza, también apuntan a desafiar la lógica etnocéntrica, racista, misógina, heterosexuada y colonial que están presentes en los feminismos occidentales y de aquellas feministas que en América Latina reproducen la colonialidad.
Las primeras voces cuestionadoras sobre la forma en que una buena parte de feministas latinoamericanas se insertaban en esos procesos, se visibilizan en el VI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en El Salvador en 1993, en el cual se da una ruptura entre las feministas que se reconocen autónomas y las institucionalizadas.
Posteriormente en el VII encuentro, llevado a cabo en Cartagena de Chile en 1996, se unen a las mujeres del feminismo autónomo otras más jóvenes y, de este enfrentamiento intrafeminista, surge en 1996, la Declaración del Feminismo Autónomo, la cual “aglutinó los esfuerzos y la perspectiva contra–hegemónica de toda una corriente de feministas radicales durante la década de los noventa” (Espinosa; Gómez, y Ochoa, 2014: 25).
Desde la crítica, tanto teórica como de praxis política del feminismo hegemónico, la necesidad de crear un feminismo autónomo lejos del feminismo institucional, se levanta como un feminismo que es reapropiado por las mujeres que han sido construidas como las otras, constituyendo una resistencia al feminismo occidental, que desde el centro penetra en las periferias de ese mundo no blanco y que desde las políticas públicas y voces con privilegios de enunciación, reproducen los discursos y la praxis de la colonialidad. Es un feminismo que se teje desde la resistencia, para romper el espacio desde donde se ha construido las relaciones de poder y así hilar, con su propio cordel, su propia historia.
El feminismo autónomo latinoamericano ha ido cuestionando además que la autonomía es un marco político, que trasciende la dicotomía institucionalidad vs. autonomía, sino que es urgente articular y repensar las relaciones que se tejen y atraviesan la raza, el poder, la clase y la sexualidad en escenarios neocoloniales
Las feministas autónomas se vincularon además a los procesos y movimientos sociales que cuestionaban el proyecto de las democracias neoliberales, esto las acercó a “nuevas formas de comprensión de la matriz de opresión que explicaría la subordinación de las mujeres y las comunidades de origen subalterno”(Espinosa, 2012a:116) y asumir nuevas miradas feministas desde los estudios poscoloniales, de la colonialidad del poder, la violencia epistémica, visualizando como el racismo y el capitalismo son inherentes al género. Se conecta el feminismo latinoamericano con ciencias sociales y aportes desde las epistemologías del el sur y el aporte de los estudios poscoloniales.
El feminismo latinoamericano que se separa del institucional y se reivindica desde la autonomía teórica y política, pretende desarrollar una propuesta que permita;
[…] articular la condición de las mujeres y otros sujetos subalternos como tipos de sujetos producidos dentro del régimen de género y (hetero) sexualidad, con la condición de (pos) colonialidad y dependencia en la que son producidos tales sujetos. Se trata de la configuración de un espacio de preocupación, denuncia y producción de saber que indaga y permite encontrar las interconexiones entre el cuerpo político del género y el cuerpo producido por determinadas condiciones geopolíticas, históricas y epistémicas: un cuerpo generado, (hetero) sexualizado, pero también racializado, oprimido y explotado por el capital y las políticas neocoloniales. (Espinosa, 2012b:8)
Se confronta la apuesta legislativa y las políticas públicas a favor de las mujeres, evidenciándolas como:
[…] nuevas prácticas de dominio patriarcal” que, impulsadas al compás de los organismos financieros internacionales y organismos de cooperación de países ricos, se sostienen sobre el modelo hegemónico del capital y los discursos que lo sostienen, homogeneizando las demandas y necesidades de las mujeres. Desde esa homogeneidad es imposible construir prácticas diferentes y alternativas a las impuestas por el patriarcado capitalista y transformarlo. (Gargallo, 2012: 71-72)
Se reconoce que si bien la legislación y las políticas públicas en pro de la emancipación legal y del derecho vivir sin violencia controlan la realidad misógina, esto no es suficiente, porque al día de hoy, la discriminación y la violencia se manifiestan en la esfera de la violación a la legalidad. Por eso es urgente, desde voces heterogéneas y acciones autónomas, que desde el feminismo potencien relaciones, diálogos más que enfocarse en organizar convenciones y conferencias. Como señala Francesca Gargallo:
[…] para abrirse a destejer paradigmas dominantes de qué es la liberación para las mujeres, considerando los lugares desde dónde las concretas mujeres de Nuestra América [….] enfrentan las formas de opresión, dominación y centralización que terminan por, una vez tras otra, criminalizar su denuncia de la injusticia y su protesta.(2012: 72)
El sector del movimiento feminista que se ha apartado del feminismo hegemónico y ha elaborado un recorrido epistémico, acercándolo a la tradición del pensamiento latinoamericanista que desde los años setenta ha intentado apostar por la producción de un conocimiento del otro, situado geopolíticamente.(Castelli y Espinosa (2011:193) y de lo que ha llamado Boaventura de Sousa como epistemologías del Sur, para referirse a nuevos conocimientos, geopolíticamente inspirados en América Latina y el sur global y que se contraponen a las epistemologías dominantes del Norte global.(2008:52) 
Lo que se ha denominado feminismo decolonial, se inscribe en estos nuevos conocimientos y es un movimiento que crece y que cuestiona el feminismo occidental o del norte global y su sesgo racista.
La decolonialidad, se dirige a construir un nuevo modo de producción del conocimiento, una forma distinta de pensamiento y desarrollando el paradigma del “otro” respecto a la modernidad y el orden de dominación global iniciado con la conquista y colonización de América, sosteniendo que éste se mantiene en la actualidad, pero que considera que hay posibilidades de transformaciones políticas y epistémicas. La decolonización es una propuesta central presente en las luchas, movimientos sociales campesinos, indígenas, feministas y en la producción teórica intelectual y académica.
La propuesta decolonial feminista en América Latina se origina teóricamente a raíz del desarrollo de posiciones críticas y contrahegemónicas que van desde el poscolonialismo y la colonialidad y se encauza a elaborar y adscribir un nuevo programa feminista, que se acoja a una perspectiva situada histórica y geopolíticamente desde la colonialidad del poder, asumida como proceso, que inició con la llegada de los europeos a los territorios que hoy son América y trajo consigo la imposición y dominación estructural y epistémica de una cultura sobre otra, proceso que permea las prácticas económicas, sociales y políticas mediante la interiorización de valores, prácticas y normas ajenas a quienes son colonizados.
Decolonizar el pensamiento feminista, es repensarlo lejos del victimismo, la esencialización de la cultura y el racismo que reproduce el feminismo hegemónico, es reivindicar un sujeto más allá de la fragmentación postmoderna.
Nutrirse no solo de teorías académicas críticas de la modernidad, también lleva a alimentarse de las experiencias propias de las mujeres, de sus saberes ancestrales, de los conocimientos indígenas y los comunitarios. Es en ese intercambio de saberes desde donde se construyen críticas y enfoques que van más allá de la búsqueda de la emancipación desde posiciones binarias de las mujeres y las sexualidades. Es un compromiso de crear una alternativa política, porque la historia no es una línea recta y puede transformarse. Es necesario construir nuevas formas de relación política desde la heterogeneidad, así como prácticas nuevas diferentes y alternativas a las impuestas por el patriarcado colonial y capitalista.  

Bibliografía
Castelli, Rosario y Espinosa Miñoso, Yuderkys. (2011). “Colonialidad y dependencia en los estudios de género y sexualidad en América Latina: el caso de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile". En Bidaseca, Karina y Vazquez Laba, Vanesa (Comp.), Feminismos y poscolonialidad. Descolonizando el feminismo desde y en América Latina. (191-212). Buenos Aires: Ediciones Godot.

Espinosa Miñoso, Yuderkys. (2012a) “La política sexual radical autónoma, sus debates internos y su crítica a la ideología de la diversidad sexual”. En Montes, Patricia (ed.alt), Pensando los feminismos en Bolivia, (113-126). La Paz: Conexión Fondo de Emancipaciones, Serie Foros 2.

Espinosa Miñoso, Yuderkys. (2012b). “Los desafíos de las prácticas teórico-políticas del feminismo latinoamericano en el contexto actual”. En Daza, Mar;  Hoetmer, Raphael y Vaargas, Virginia (eds.), Crisis y movimientos sociales en nuestra América. Cuerpos, territorios e imaginarios en disputa, Lima: Programa Democracia y Transformación Global –PDTG-. Recuperado de: https://www.academia.edu/1097630/Los_desafios_de_las_practicas_teorico-politicas_del_feminismo_latinoamericano_en_el_contexto_actual

Espinosa Miñoso, Yuderkys. (2014b, marzo-abril). “Una crítica descolonial a la epistemología feminista crítica”.En El Cotidiano, (184), 7-12.

Espinosa Miñoso, Yuderkys; Gómez Correal, Diana y Ochoa Muñoz, Karina (2014a). “Introducción”. En Espinosa Miñoso, Yuderkys; Gómez Correal, Diana y Ochoa Muñoz, Karina (Eds.), Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala (13-40). Popayán: Editorial Universidad del Cauca.

Gargallo, Francesca. (2012). “La urgencia de retomar nuestra radicalidad”. En Montes, Patricia (ed.alt.), Pensando los feminismos en Bolivia, (69-87). La Paz: Conexión Fondo de Emancipaciones, Serie Foros 2.

Mendoza, Breny.  (2014a [2009]). “Los feminismos y la otra transición a la democracia en América Latina”. En Ensayos de crítica feminista en Nuestra América (235-260). México: Editorial Herder.

Paredes Carvajal, Julieta. (2012). “Las trampas del patriarcado”. En Montes, Patricia (ed.alt.), Pensando los feminismos en Bolivia (89-111). La Paz: Conexión Fondo de Emancipaciones, Serie Foros 2.

Sousa Santos, Boaventura de. (2008, enero). “El Foro Social Mundial y la izquierda global”. En: El Viejo Topo, (240), 39-62.