sábado, 18 de septiembre de 2021

Luces artificiales



 Costa Rica conmemoró el 15 de septiembre 200 años de la independencia política de  España. Las celebraciones institucionales fueron rimbombantes, por lo alto, lo bajo  y alumbradas por la prensa.

Hace 200 años,  Costa Rica dejó de ser formalmente una colonia y se convirtió en una democracia criolla insuficiente, violenta y excluyente, pero revestida de mitos de paz, igualdad y felicidad. La Costa Rica del bicentenario, la Costa Rica imaginada. La de las luces artificiales y del buen vestir. La de la estética criolla. La Costa Rica mítica, de los igualiticos y hermaniticos. La de la puritica vida.  Todo colorido y tan hipócrita.

Abundancia de juegos  pirotécnicos para unos cuantos, mientras la oscuridad, el sufrimiento y el silenciamiento de la exclusión,  para miles de personas empobrecidas, sin acceso a la vida digna.

La Costa Rica desigual, la de las banderas, la patria pacífica y diseñada para creer sin ser. El país del bicentenario criollo, violento contra los pueblos indígenas y grupos empobrecidos.


El país empresarial del egoísmo bicentenario, de salarios que no alcanzan. La democracia de la libertad del empoderamiento y emprendedurismo,  la aspiración de tocar el cielo y a tener amiguetes políticos o narcos. La Costa Rica de políticos de todo color y tamaño que dan la espalda a la gente.

El país los fragmentos y segmentos de derechos humanos y reconocimiento identitario sin redistribución  de la riqueza. Sin debate democrático.

Todo bucólico y hipster. Tan de los derechos de las mujeres, para algunas mujeres. La Costa Rica de los feminismos prósperos, de las mujeres del éxito y aborto ya, pero sin que a ellas les importe la pobreza y marginación de miles de mujeres. Tan LGTBI, de colores pero sin compromiso por vidas dignas que merecen la pena ser vidas. 

La Costa Rica Ideal (como la marca de leche) sin Centroamérica y ojalá sin nicas. La democracia insuficiente, criolla, racista, clasista que destila violencia, patriarcado, injusticia y sufrimiento.

Los políticos criollos sean progres o religiosos neoliberales, católicos, evangélicos, todos mediocres, pero  brilla el nacionalismo.  Políticos sin creatividad, tan neoliberales y egoístas, pero tuanis. Todo es tan falso, tan imaginario y tan pintoresco.

Los éxitos presidenciales del Bicentenario de la democracia criolla. Carlos Alvarado y su mujer, compartiendo fotos de ciudades alrededor del mundo alumbradas artificialmente de luces blancas, azules y rojas

La celebración. Todo es tan bonito, tan próspero, tan imaginado, tan falso… 

Basta de postureo y espejismos. Urge la Justicia social, feminista-antirracista completa y no en fragmentos criollos de hipocresía. 


sábado, 14 de agosto de 2021

Promesa

 




 Ciudadana española, ciudadana europea, con todas sus letras, con todo su significado y todos los significantes

Hoy prometí, por la alegría, la dignidad, la rebeldía. Amo esta tierra tan diversa, tan hermosa y que a veces resulta rara, contradictoria, tal cual es la vida misma.

Esta tierra compleja, de territorios complejos, diferentes y disidentes, en la que nadie se guarda nada, mientras el diálogo, casi siempre termina siendo un monólogo sin pausa.

España una y España muchas, de palabras y de relatos. España la suma de las historias y una con miedo a la memoria. España imaginada, imaginaria, inventada; España valiente, un país de países, de acentos, de colores y sabores.

España, nuestra España. España, generosa, mi Matria, mi patria, mi calle, Madrid y el cielo que quiero. La que elegí y viceversa.

 España República ❤️💛💜


Aquí, mi corazón. Mis raíces, creciendo libres e insumisas. Gratitud. Siempre.


Lo prometo.


Ana Marcela Montanaro.

 

Piedrahíta, 13 de agosto y verano.

viernes, 19 de febrero de 2021

Tejedor de estrellas y de un día futuro

 


Un mensaje de texto en mi móvil y la tarde luminosa en Madrid se oscureció de pronto. José, mi amigo, mi hermano, mi compañero de mil caminos, marcados por una multiplicidad de sentimientos, emociones y sensaciones; falleció.

Paralizada en una silla más de la mitad de la vida se extendió en recuerdos de los tiempos inmemoriales en Costa Rica. Me sumí en un enorme y profundo silencio. Quiero escribir, no puedo. Hasta hoy y luego de llorar hasta el sueño, trato de poner palabras al dolor y encauzar las memorias pasadas que siempre han sido presentes. No me hago preguntas. No me alcanzan las palabras. En medio de un dolor inmenso que hoy compartimos muchas personas que tuvimos el regalo maravilloso de coincidir con José. José, nuestro Jose,

Para mucha gente él era “Beby”, yo nunca le dije así, para mí siempre fue José, otras veces le decía Josecito, y cuando las cosas se ponían serias, le llamaba José-Francisco.

Noble y amoroso. Sonrisa y paciencia. Talentoso y creativo. Amoroso con la vida, las semillas, el agua, los bosques y el cielo. Un ser humano intergaláctico.

Las letras de sus canciones, sus poesías garabateadas en pedacitos de papel. Sus hermosos dibujos de trazo firme y sombras de muchos grises. Creativo y amoroso.

Sus manos versátiles, que daban vida a las pequeñas piedras. Eran convertirlas en pendientes, dijes, anillos y en cualquier cosa hermosa inimaginable. Los trozos de bambú al ser tocados por sus manos, renacían en candelabros, incensarios, lámparas y en un sin fin de objetos maravillosos.

Los pedacitos de cristal que se transformaba en luces al convertirse en vitrales. (Mi vitral de gato, está en Costa Rica pero aquí en mis dedos llevo puestos dos anillos que me regaló),

El amor por su madre, Doña Plácida. Ella, mujer extraordinaria que le heredó la luz, el amor y el respeto por la creación divina.

Las semillas de maíz, de frijol, gandul, de cilantro germinaban entre en sus dedos. Sus manos acariciaban la tierra, sus dedos en surco y las semillas se transformaban en vida verde y fecunda. Entre sus manos los conocimientos y el amor de la filosofía de la cosecha. El culantro de coyote, medicina y alimento.

José. Sus manos en la guitarra. La acariciaba. Su voz rompía el silencio. Su música, la nostalgia, la alegría, la denuncia contra la injustica. Su música en las serenatas, en las noches matizadas con luces de velas, risas, lágrimas y amores. En el salón de mi casa, en el centro del universo, deshicimos el mundo y muchas personas nos hicimos amigas junto a su voz-

Su voz clara. Su alma enamorada. Sus ojos de artista. Todas éramos el reflejo del amor y la vida. Todas éramos guapas. Éramos el reflejo de la belleza femenina ante sus ojos. Nos miraba de la misma forma que miraba a las flores y en especial a las orquídeas.

Yaha, “Aspirinita”. Adri: “Chuchu mi amor”. Erika, Alejandra Z, Xo, Y luego reía para seguir cantando “La chica de plastilina”

Tiempos de serenatas y de noches de bohemia, sueños y luchas. No puedo imaginar cuantas serenatas dio José. Lo que sí tengo claro es que yo también fui afortunada. Muchas madrugadas los acordes de su guitarra se escucharon en mi ventana y alegraron mis madrugadas. “Flaca no me claves tus puñales por la espalda… Bruja, si aterrizas un día en mi balcón, Tu nombre me sabe a hierba, Las cuatro y diez”. Te despediste, ayer con el Blues de la Soledad.

A José Francisco y a mí, nos hermanó el tiempo, nos juntó la distancia y nos unió para siempre la libertad y el amor. Amigos, compañeros y hermanos. Pan, ajos y vino. Ojos. Silencio. Complicidad.-

José, tus manos, siempre tus manos. Y junto a tus manos, durante el tiempo infinito, las mías. Juntas, también se extendieron en libertad para hacernos luz.

Compartí con José un amor profundo en todas sus dimensiones. Nos dimos el permiso y el regocijo de abrazamos durante el tiempo sin tiempo que nos regaló la vida.

“Mujer de cabellos largos de risa transparente, tienes la nariz partida y tus ojos no saben mentir¨, me decía riendo.

Su voz arrulló a Arturo. Lo meció através de los años.

A mí que no me gusta bailar, bailé con él hasta música tropical. Yo que no se cantar, canté con él. Sentada en el borde de la ventana de algún coche con la velocidad del aire en mi rostro, muchas veces fui feliz. Él me sostenía los pies para evitar que yo saliera volando. Muchas veces fui yo quien le sostenía a José los pies. No nos dejábamos caer,

Lloré en tus brazos. Me reí en tus manos. Me abracé a tu cuello huyendo del miedo y el aburrimiento de las rutinas. También nos enfadamos. Te reñí en rus ojos , pero nuestro cariño era tan enorme y los amigos que forman parte de los retazos de la vida se saben perdonar sin dramas ni reclamos.

Siempre estuvo para mí. Siempre estuve para él.

José Francisco, fue una cuerda de estrellas que se enhebró para tejer y unir con amor y en diversidad la vida de muchas personas. Si no hubiese sido por él muchas vidas estaríamos dispersas. Muchas personas somos pedacitos de la amistad que él tejió e hizo colectiva. Nos marcó para siempre. Sus hilos de colores galácticos nos seguirán uniendo.

Hoy de alguna manera, todos esos corazones nos abrazamos y compartimos al unísono un dolor inmenso. Tan inmenso como el amor que le guardamos a José. Tan grande como el amor de estrellas que nos regaló y seguirá irradiando en la eternidad. José, seguirá siendo el ser humano talentoso y generoso, que con su luz tocó la vida de tantas personas

José, dejas tus semillas cósmicas en nuestras vidas. Buen viaje entre las galaxias, hoy llegas al Amor y a la Filosofía de la Cosecha ancestral de Luz Infinita. El ¨Día Futuro” llegará y nos volveremos a abrazar, volveremos a cantar. Las mariposas nacerán.

Tus luces, tus sombras, la perfección en la ambigüedad humana, José. Que dicha fue conocerte. Que alegría fue bailar contigo. Que placer fue escucharte cantar. Que alegría fue reírnos. Que bendición fue caminar juntos. Que dicha el regalo del amor. Qué bonito fue sentir tus manos y tus besos. Qué bonito fue querernos. Gracias por la luz que nos dejas. Gracias por tu vida, José Francisco.

Kaslem. Con amor, siempre,

Ana-Marcela Montanaro

Madrid, 18 de febrero de invierno y tristeza.


José Francisco Chávez Jiménez.

2 de octubre de 1974

17 de febrero de 2021 


jueves, 26 de noviembre de 2020

Maradona, un D10S incoherentemente humano

 


Sí, Maradona fue un genio, un D10S incoherentemente humano. Y yo una feminista incoherente que lo admira y lo llora como se llora a un compa. Con las lágrimas que salen desde el centro del estómago y atraviesan el cuerpo, para llegar al corazón. Sin que yo sepa todo lo que fue, no necesito charlas hoy, tampoco información. Que yo lo sé, y lo sé de sobra, pero incoherente y mujer, loca y humana, lloro.

Ayer partió, un ser humano, común y corriente que fue capaz de hacer levantar a las multitudes. Un tipo pecador, amoroso, violento, dramático y comprometido. Un hombre coherente en su incoherencia que dijo no a la guerra, no a Bush, y amó la vida de los asesinados en la Guerra de Las Malvinas. Fue amigo de los que se rebelan y no bajan la cabeza ante el poder.

Un ser humano que se enfrentó a sus demonios, un machuno, también.

Un pibe pobre, bajito y moreno que tuvo dos sueños: el primero jugar un mundial de fútbol y el segundo, ganarlo. El pibe, el Cebollita de Villa Florito, el barrio miserable en el que nació. Él es genio y rojo. El Pelusa pobre que fue voz de quienes no tenían voz y fue capaz de hacer levantar, gritar y soñar a multitudes. El ser humano que solo quiso vivir.

No se le perdonó su origen, su irreverencia ni su magia.

Maradona, es el Mundial México 86, es mi madre gritando un gol y luego gritando más fuerte otro gol. Soy yo, siendo casi una niña corriendo y saltando por el pasillo. Inglaterra arrodillada en la cancha. Y en una tremenda emoción, una de las más inmensas, comprender la relación del poder, política y fútbol. Es mi padre, pausado siempre, explicándome los fetichismos y chauvinismos en el fútbol.

Maradona, son los recortes de periódico pegados con celo en mi estante repleto de libros y cuadernos de adolescente, pedacitos de papel que me acompañaron mucho tiempo y que se pusieron amarillos para luego caerse de viejos.

Soy yo la niña, soy yo luego adolescente. Maradona es mi temprana maternidad. Es mi ingreso a la universidad. Es mi casa y los partidos en el portal en un suelo rojo y lleno de limitaciones, es mi hijo que apenas caminaba corriendo tras un balón. Es una tele vieja y pequeña para ver el mundial del 94.

Es la camiseta de Alexis con un autógrafo. Es una revista con fotos del mundial del 90 que le regaló Mario a Arturo, es Douglas, es Xo. Es escuchar a Harmon cantar “ole, olé, Diego”. Es tener la paciencia de Carlos defendiéndole en medio de discusiones moralistas.

Maradona, es un uniforme diminuto con un 10 estampado en la camiseta y un niño, mi niño, hoy ya convertido en adulto, siendo feliz de usarlo. Son los posters del Pelusa, La Bruja Verón, Batistuta, de la Albiceleste, en el cuarto de Arturo. Son las películas en VHS.

Maradona es una foto con la que bailé toda una noche de fiesta y desmesura.

Maradona es la mano de Kenito sosteniendo mis manos. Somos los dos abrazando nuestros miedos.

Decir Pelusa, es decir amigos, resistencias, sueños de revoluciones. Es decir amor. Es la alegría en los pies, la magia en la cancha, la mano de Dios y la tristeza de una meada.

Decir Diego, es decir parte de pedazos de muchas vidas.

Maradona, son mis compas. Sí, los mismos con quien iba al estadio, con quien compartía los partidos de fútbol por la tele, con quienes fui a marchas universitarias.

Mis compas igualmente machunos, que se esfuerzan por romper con este sistema.

Mis compas de la vida, con esos con quienes charlé y charlo sobre feminismos anticapitalistas, antirracistas y descoloniales. Sí, ellos son incongruentes y amorosos. Sí, yo feminista, incongruente y cabreada con este sistema y con ellos, también. Y sí, también me enfadé con Diego muchas veces.

Ellos mis compas. Maradona, también fue mi compa. Sí y yo quiero llorarle, y lo he llorado desde ayer por la tarde.

Como he llorado y perdonado a mi abuelito, un hombre agresivo y alcohólico. Con el amor que recuerdo a mi otro abuelito el Corso, quien cruzó el mar para casarse con mi abuelita, una niña de 14 años.

Como perdono y amo a mis amigos, compas de política, a mi hijo, a mi padre y sus machismos cotidianos ... y sus esfuerzos por superarlo. Como me perdono yo. Tal cual. Amor romántico poco, amor humano todo.

¡Ay! los aires de liquidez moralista. ¡Ay! el orgasmo del gol. ¡Ay! la tristeza y la furia.

Maradona un D10S, así con números, en la imperfección y en la humanidad. Un niño pobre moreno, de color más bien marrón, en la Argentina blanca y rica. Todos en la calle sois uno más, así en plural, porque todos sois machistas... a pesar de los esfuerzos por cambiar, que al final es lo grandioso. Mas allá es todo un sistema en que nos movemos y al que nos enfrentamos.

La lucha es apenas por acercarse a ser congruentes con nuestra propia humanidad y yo, una feminista incongruente derramando lágrimas de congruencia y llorando la efímera mera y eterna existencia de un D10S.

Ana Marcela Montanaro.

Madrid, 26 de noviembre de otoño y tristeza 2020

Alexis, gracias por la complicidad, siempre

lunes, 12 de octubre de 2020

El exilio de mis pasos, soy la extranjera


El 11 de octubre de 2014, me convertí en extranjera. Llegué a Madrid, con dos maletas, una mochila, un par de libros, cuatro bolsas de café y un ordenador. La excusa fue venir a sacarme un máster.
Seis años después, cuido muchas plantas, en mi salón hay flores, en mi cuarto un armario, tengo un ordenador, una biblioteca y una bicicleta. Soy estudiante de doctorado y tengo amigas entrañables. El café ya se acabó.
El 11 de octubre es mi segunda fecha de cumpleaños.
Decidí migrar de Costa Rica, con el objetivo de buscar una vida mejor. Me exilié huyendo de la estrechez mental, de la mediocridad, de la ambigüedad política, del igualitico, del hermanitico y de la falsa pura vida.
Me exilié de la violencia de sus calles y de la violencia que produce el irrespeto y discriminación a quienes somos consideradas “raras”, ¨locas¨ por pensar, hablar y vivir como nos da la gana, además por ser la feminista y "roja".
Porque sus montañas, con miles de ojos, me aprisionaban desde que era yo era una criatura. Me exilié porque fue la opción más clara que tenía para sobrevivir. No me equivoqué
Madrid es uno de esos sitios donde una reverdece. Ella me renació. Me revivió. Mi exilio me regala libertad.
He crecido y me enorgullezco de todo lo que hago, porque todo es a puro pulmón.
Porque aquí no soy la loca, aquí soy una "loca" más, escribí un libro y pronto otro verá la luz editorial, también hago un sinnúmero de cosas interesantes.
Hoy mi cuerpo piensa y siente diferente. Todos mis sentidos aprendieron a sentir.
Aprendí a reconocerme como una mujer no blanca, a ser una centraca. Nací y crecí en la Cintura de Abya Yala. Soy hija del territorio centroamericano, saqueado convulso y violento, pero tierra fuerte y valiente. Tierra Maravillosa en medio de la violencia, la tristeza, Tierra de alegres rebeldías. Nací en Centroamérica, en Costa Rica y cuando hablo de ella el amor se transforma en pasión y se me salta por la mirada.
En estos seis años mis palabras han cambiado. Hablo con otra cadencia. No la de aquí, no la de allá. Mi acento cambia, como cambia la vida misma. Vivo en una gran frontera. Porque los procesos migratorios nos transforman, nos enriquecen a pesar de los desarraigos y las carencias materiales, simbólicas o de cualquier otro tipo.
Cruzar el mar, atravesar todas las fronteras, las materiales, las inventadas y las del corazón significa vivir de otra forma y sentir día a día en mi piel el racismo y el clasismo. El racismo que se inscribe en mi cuerpo por ser la migrante, la sudaca, la centraca, la panchita, la costarricense, la extranjera, por ser la otra y vivir la otredad.
El racismo que es más triste que el desamor.
Pero cada día me siento más orgullosa de ser lo que soy. Orgullosa de ser yo misma.
Me enorgullezco de venir de donde vengo, de mi andar, de mis raíces de india, de negra, de migrantes corso, italiano y francés. Orgullosa de ser una hija del maíz. Soy una mujer de colores, rebelde e insumisa. Orgullosa de mi fuerza.
No todo ha sido fácil, pero todo ha sido, es y sigue siendo maravilloso.
Al exiliarme renuncié a muchas cosas materiales y simbólicas, pero migré para salvarme de la mediocridad, de la violencia, del aburrimiento, de los dedos acusadores y del miedo. En mi huida me salvé,me reencontré, me sigo perdiendo y me encuentro cada día.
A pesar de mis privilegios migratorios, vivir un proceso migratorio no es fácil, pero mi auto exilio es gratificante. Agradezco lo que tengo y hago.
En este camino enrevesado he entrado, he salido, he caído, me he levantado, he amado, me han amado, he coincidido con personas extraordinarias, maravillosas, otras no tanto, pero de todas he aprendido. También he llorado y mucho:
Este exilio me llevó a la tierra de canales, viento, lluvias infinitas y flores. Las tierras planas, donde no existen las montañas. Allá frente al río que marcha en pausa, ahí se guarda y vive en el tiempo, una parte de mi. Mi otra familia, la que llevo muy dentro de mi corazón.

Mis pies siguen andando y seguirán cruzando fronteras.
Mis raíces nómadas seguirán renaciendo fuertes en el lugar en que yo decida sembrarlas. Mis manos, libres. Mi sonrisa sonríe en cualquier idioma.

Gracias porque me has dado todo y me has quitado todo. Te quiero tanto, Madrid. 
 ·


11 de octubre y otoño de 2020 


Ana Marcela Montanaro

jueves, 8 de octubre de 2020

A trece años del referéndum del Tratado del Libre Comercio

El 7 de octubre de 2007 fue el Referéndum  para decidir aprobar o no  el Tratado de Libre Comercio  Costa Rica- Estados Unidos. Mi voto fue NO.  Ganó el Sí y con ello la profundización del modelo neoliberal, la pobreza y la tristeza 



Hoy trece años después, mi corazón sigue  diciendo con fuerza un NO.

Aquel domingo voté con el profundo amor que tengo por la gente que tiene hambre, por la gente que no llega a fin de mes, por las madres que no tienen nada que darle de comer a sus criaturas. Voté con un gran amor por  quienes cultivan la tierra de un agro despedazado, por los pueblos indígenas que son cuerpos territorios violent

ados y asesinados, por  las migrantes explotadas. Dije No, por los suelos destrozados por la expansión del cultivo de la piña manchada de sangre, la piña que en Europa se consume desde el exotismo.  

Sigo diciendo no a la violencia feminicida neoliberal que arrasa vidas, cuerpos y territorios. 

Hoy la realidad salta la cara, una Costa Rica desigual y enfadada.

Hoy en Costa Rica, el país donde nací,  muchas personas  se manifiestan y toman las calles, hoy se manifiestan personas trabajadoras, las que no son emprendedoras de empanadas y demás retóricas  neoliberales, hoy no están los universitarios educados, hoy están en las calles personas sucias, sudadas, empobrecidas. Personas excluidas del relato de la democracia de la Costa Rica imaginaria. 

Personas que comen un gallo de salchichón y bailan en medio de la violencia. La gente de la alegre rebeldía .

Mientras tanto, la intelectualidad criolla y urbana que se dice progre, feministas de la prosperidad y políticos hipster, con arrogancia y pedantería, miran con desprecio a quienes ponen el cuerpo, cosa que los sabiondos nunca han hecho.

Desde sus ordenadores  toman  vino y cerveza artesana, atragantados de arrogancia mientras escriben sus posts y comentarios con palabras de desprecio hacia los seres humanos que hoy en las calles, reclaman su derecho a ser y a vivir dignamente 

Mi corazón y amor, también sigue allá con la gente que hoy reclama con valentía su derecho en la historia.

Desde aquí y donde quiera que esté, seguiré aportando mi fuerza para que las vidas merezcan ser vividas y seguiré diciendo No a la injusticia.

jueves, 27 de agosto de 2020

Muchas historias y nuestra Universidad de Costa Rica cumple 80 años

 

Mi universidad cumple 80 años, nuestra Universidad de Costa Rica se hace mayor

Me siento más que orgullosa de haber estudiado en la Universidad de Costa Rica, orgullosa de mi formación académica humanísta, estudié en la mejor universidad del país. Soy parte, soy hija de la educación superior pública costarricense.

La Universidad de Costa Rica, atraviesa mi historia vital, todos mis recuerdos y presentes. Fue aquí donde me formé académicamente, aprendí el valor del estudio y de la investigación; aprendí a ser disciplinada, constante y comprometida con mis proyectos.

Estudié derecho, pero aprendí muchas cosas más, personales, colectivas y temas que no se aprenden en las aulas. Fue en la calles, donde me formé como feminista. 

Mi formación academica me ha permitido seguir haciendo lo que más amo y apasiona, demás a hacerlo bien.

En la universidad pública, mi conciencia social se hizo más clara y contundente. Mi paso por la Universidad de Costa Rica, me formó politicamente; me hizo consciente de que nada valen los títulos académicos sino existe un compromiso con la sociedad, con las personas más vulnerabilizadas y excluidas; que el conocimiento académico no vale de mucho sino se pone al servicio de las demás personas. Esto he tratado de seguir haciendo.

Fue en la unviersidad pública en donde aprendí, desaprendí y volví a aprender.

Sí, soy roja y sí soy todavía soy de izquierda, soy feminista y seguiré teniendo un corazón, pensamiento propio y una lengua libre. Sigo comprometida con el estudio disciplinado y sigo aportando mi energía a las luchas, un granito de arena para tratar de hacer y construir mundos más amorosos, justos, feministas, antirracistas y creativos. 

Estudié en una sede regional, la Sede de Occidente, en la zona rural, Ahí, fui parte del movimiento estudiantil y estuve en polítca universitaria.

Fue en la soda (cafetería) de Ñeco y en la soda de Rogelio en donde he comido las mejores empanadas del mundo mundial, tomado el más sabroso refresco de frutas y el mejor café barato. Frente a vasos de café, cervezas y vino barato con muchos cigarros de por medio, tuve conversaciones y discusiones más que interesantes.

En la Sede de Occidente, mis compas compartimos la alegría mestisa el día que mi padre resultó electo como Director de la Sede de Occidente y unos años depués resultó electo como miembro del Consejo universitario de la Universidad.

En los pasillos de mi amada Sede de Occidente de la UCR conocí el amor, el profesor de filosofía más bueno del mundo mundial, nos enamoramos, nos casamos, nos desenamoramios, nos divorciamos, en ese camino nació nuestro hijo, Jorge Arturo. Luego, me volví a enamorar de un corazón bonito que sigue discutiendo, sin ponerse de acuerdo.

El primer año de carrera, recorrí los pasillos y salones de clase embarazada. Nueve meses después, ese campus me vio con una criatura en brazos y pegado a mis tetas. Esa criatura, muy bien alimentada creció, es la misma persona que sale en la imagen que da origen a este texto. Esa foto nos la hicimos hace como 10 años, en una manifestación por la defensa de la educación superior pública, Jorge Arturo estaba en su primer año de carrera y yo era profesora de derecho en la unviersidad.

Pasa el tiempo pero las luchas no acaban.

Recuerdo con cariño a los docentes, bibliotecarias, conserjes, personas secretarias, choferes, personal de seguridad a todas ellas, mi respeto.  Gracias a quienes han hecho de mi camino personal, académico y politico una ruta que vale la pena seguir andando.

Porque la Universidad de Costa Rica no es un cascarón, por el contrario, es una gran institución conformada por personas y vidas. Nosotras y nuestras pequeñas historias, también somos parte de los 80 años que hoy cumple nuestra universidad.

Y sí, seguimos y seguiremos defendiendo el derecho a la educación superior pública, para que cada vez más sean más voces, acentos y colores quienes también puedan sumar y engrandecer la historia.

#SoyUCR

Ana Marcela Montanaro

Berlín, 26  fin del verano y septiembre de 2020


Foto: La hizo mi amigo hermano, Alexis Rodríguez.