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domingo, 25 de enero de 2026

La democracia y el postureo




En medio de una participación democrática cada vez más convertida en espectáculo, hoy más que nunca, el ejercicio de los derechos no puede quedar condicionado al privilegio ni al sacrificio individual.

En la realidad de TikTok, Instagram, Facebook y demás redes se idealiza el voto en el extranjero. Desde paisajes nevados, como si la nieve no fuese un coñazo que congela a quienes se nos dificulta pagar la factura eléctrica, y desde perfiles definidos por la moda y el buen vestir, se hace un llamado a votar en las elecciones nacionales del domingo 1 de febrero.

Estas influencers costarricenses migradas que votan en el extranjero, vamos, lo que se llama migrantes por el mundo o diáspora, nos cuentan su sacrificio y el dinero que gastarán para acercarse a votar, llamndo a votar y defender eso que a secas llaman democracia costarricense. Creo que tienen por objetivo hacer que quienes están en Costa Rica y que no tienen que caminar ni siquiera dos calles para ir a ejercer su derecho, se sientan interpeladas y se acerquen a los centros electorales a votar.

Pero estos influencers no asumen que a la población costarricense migrada se nos dificulta votar; no todas somos las personas de los vídeos que hablan desde su privilegio económico o cultural. Hablar desde el privilegio es fácil. Pensar el voto como una experiencia de Instagram es lamentable. Asumir un proceso electoral en colectivo y en igualdad es parte del reto.

Votar desde el extranjero es caro; por ello, este derecho se convierte en un privilegio para quienes pueden costearse el transporte, la alimentación y, en muchas ocasiones, el alojamiento para desplazarse hasta los consulados. Votar en el extranjero es un asunto de dinero; es un asunto de disponer de euros y de tiempo.

La mayoría de mis amigos y amigas costarricenses migrados en España, personas trabajadoras, que viven fiuera de Madrid, no pueden permitirse gastar 200 euros o más, ni siquiera 50 euros, perder un día de trabajo, dejar a sus hijas solas y desplazarse desde sus ciudades hasta el consulado de Costa Rica en Madrid. Y sí, también otros hermanos migrantes que están en Italia no pueden acercarse al consulado costarricense ubicado en Roma.

También hay personas trabajadoras migrantes costarricenses que no saldrán a votar en Estados Unidos, no solo por las distancias y el coste económico, sino porque sus vidas corren peligro con las redadas racistas y clasistas que comete el HIELO (ICE).

Para muchas personas la idea de que la democracia se defiende cada cuatro años en las urnas es la idea que desde el privilegio o la ignorancia prevalece. Vamos, que la democracia no es solo votar.

La democracia es extender derechos y luchar por ellos; y va más allá de poner un post viral en las redes sociales.

Y es que en la población que ha salido de Costa Rica, en las ciudadanías migradas, en nosotras, se piensa muy poco.

Democracia es también asumir el cuidado de los derechos de las personas que hemos migrado. Sí, porque muchas hemos salido en busca de una vida mejor porque la democracia del comer y el buen vivir, en Costa Rica, hace mucho tiempo PAC, PLN, PUSC y los amiges de Rodrigo Chaves la empequeñecieron.

El servicio exterior costarricense siempre ha sido una mierda pinchada en un palo. En los consulados el funcionariado usualmente nos trata mal y con cierto aire de superioridad y desprecio burócrata. A este lado del mundo, algunas dependencias consulares tienen horarios de atención que se limitan a cuatro horas al día, tienen personal poco capacitado y, sobre todo, poco empático, como María Valls, en Madrid. Las páginas web no siempre están actualizadas y brindan información a medias o incorrecta. En el Consulado de Costa Rica en España, muchas personas no han podido empadronarse. Es toda una vergüenza.

Y esto no es solo de esta administración trumpistachavista. Trece años de ser migrante y la historia poco cambia entre los de antes y los de ahora.

Me pregunto: ¿Para cuándo el voto por correo? ¿Para cuándo un servicio exterior que piense en nosotras, la Costa Rica emigrada? ¿Para cuándo unos servicios consulares dignos y respetuosos?

Luchar por eso sí que sería ampliar un poco más la democracia.

Así que charlas virales de postureo teñido de patriotismo, las justas. La democracia se construye en colectivo y no desde el mero esfuerzo individual; todo lo demás es más pose que otra cosa. Así que menos vídeos de postureo y más conciencia.

Ana-Marcela Montanaro

Madrid, 24 de enero e invierno de 2026. 


domingo, 3 de agosto de 2025

La vida de mi madre con Palestina en el corazón

 



En el cumpleaños de mi madre. Olga Marta Mena Vincenti, nació en San José, la capital de Costa Rica un 3 de agosto. Mi madre nació vivaz, rebelde y con una enorme energía. Es una mujer  muy inteligente, solidaria y, sobre todo, valiente. Siempre transgresora, tiene el don maravilloso de decir las cosas de frente y sin tapujos, con una elegancia y educación  única  para hacerlo

 Su increíble capacidad  de expresar lo que piensa, es un verdadero don.  Sabe decir  esas verdades que la gente no quiere escuchar. Es directa, certera y firme para enfrentar machirulos y  señoras arrogantes. Es valientA  a la hora de defender sus derechos en lo individual y en  lo colectivo. 

Olguis, es una mezcla  clara de la herencia corsa, la de mi abuela Ángela  y la indígena de  mi abuelo, José Luis. Este último muchas veces escondido, porque en la familia ampliada decir que nuestro abuelo fue indígena no es blancamente bien visto. Pero mi madre, orgullosa de su mezcla, orgullosa de sus  genes, de  los cuales nos heredó la mitad a mi y a mis hermanas. Orgullosa de su familia trabajadora de mujeres que cocinaban para los ricos y zurcían medias a las señoras de alcurnia. Esa mezcla de orgullo, alegría y digna rebeldía.

Mi madre me enseña  de  valentía y  coherencia, no solo en libros, sino con su propia vida. Olguis es de esas personas imprescindibles.

San Ramón, el pueblo entre montañas donde decidió vivir con mi padre, es un pueblo con muy conservador, clasista, incluso hay quienes creen que es “la capital del mundo”. Allí, lo rancio, el amiguismo y la religiosidad más hipócrita ganan batallas. Es un lugar de gente de rancio abolengo, donde señoras muy señoras de todas las edades y señoros muy señoros con su Biblia bajo el brazo señalan a quienes son diferentes, a quienes deciden hablar en alto y con voz propia. Enfrente de ellos, gente que alza la voz, y resguardan la memoria  en un legado histórico de lucha social, disidencia y resistencia. 

El martes 26 de julio recién pasado, mi madre participó en una manifestación en el Concejo Municipal de San Ramón. Allí, personas buenas, valientes y comprometidas, porque sí, también hay mucha gente valiente en ese pueblo,  se dieron cita para protestar y exigir explicaciones por la visita que hizo la alcaldesa Gabriela Jiménez Corrales al Estado de Israel.

La alcaldesa, que se dice cristiana y que llegó al cargo con el apoyo de un amplio sector del evangelismo, aceptó una invitación del Estado de Israel para “conocer sobre seguridad” y otras maravillas violentas. Todo, mientras ese mismo Estado comete un genocidio: impide el ingreso de ayuda humanitaria, mata de hambre y de balas a niños, destruye hospitales y lanza bombas sobre una población atrapada. El discurso hipócrita de un estado  genocida que busca consolidar su apoyo alrededor del mundo.

Hipócritamente, la alcaldesa —la misma que puso una enorme escultura de la Virgen María con el niño en brazos en medio del parque del pueblo— se mostró sonriente en las imágenes de su visita a Israel,  mientras en Gaza madres cargan en brazos a sus hijos moribundos,  niños desnutridos, asesinados de hambre y balas.

La alcaldesa,  que aplaude al señor que grita los miércoles por la tele, sí que , el presidente Rodrigo Chaves dice con sorna que firmará si le da la gana el tratado de libre comercio entre Israel y Costa Rica. Todo con ese cinismo que ya parece costumbre .

Ese martes, mi madre se acercó al Concejo junto con muchas otras personas. La alcaldesa estaba de vacaciones. Los miembros del Concejo intentaban desalojar a activistas, estudiantes, artistas, vecinos y vecinas. Llamaron a seguridad. “Palestina no es un tema que interese”, decían algunos concejales.

Mi madre, sentada junto a mi padre en primera fila del salón de sesiones del ayuntamiento, con su kufiyya bien puesta. Mi madre,  con su cartel en mano, sí  porque ella siempre hace carteles y sale con ellos a la calle a protestar, se enfrentó a un policía. Un hombre, de esos de arrogancia viril que, con sendo revolver a la cintura decía:"- soy de la policía canina” e  intentaba amedrentar a quienes alzaban la voz contra el genocidio en Gaza, exigiendo cuentas políticas a la alcaldesa por la visita oficial que hizo a Israel  y al concejo municipal por autorizarla.

Mientras las autoridades municipales decían que era por aforo y contaban a los asistentes, la seguridad  daba pase a varios empresarios israelíes, quienes prepotentes, sin hablar español, blandían  banderas azules y blancas, el objetivo era claro: expulsar a quienes se manifestaban  a favor de la paz en Palestina.

A toda costa la dirección municipal deseaba que las  personas salieran del recinto donde sesiona el concejo. El policía se acercó.  Mi madre, firme,énfática,  lo miró a los ojos y le dijo alto y claro:

“Aquí no somos animales. No venga usted a tratarnos, ni a contarnos  como si lo fuésemos, y mucho menos por ser de la policía canina, porque usted nos violenta.”

Las risas de los concejales, los funcionarios, la burla, el matonismo del policía

 Mi madre, 84 años. Olé, con sus dos ovarios.

Vivan esas canas rebeldes, hermosas y dignas.

Mi madre valiente.

Mi madre lúcida.

Mi madre guapa.

Feliz cumpleaños y mucha vida.

Y que viva toda la gente valiente: esa que no calla, que habla de frente, sin miedo, que se organiza, lucha y defiende causas justas.

Esa gente que, en los pueblos, alza la bandera palestina con dignidad y fuerza y grita:

“¡Palestina libre!”

“¡Alto al genocidio!”

 Gracias, madre, por la vida.


Ana-Marcela Montanaro

Madrid 3 de agosto y verano 2025


martes, 16 de abril de 2024

Costa Rica; feminismo, neoliberalismo y salud pública

 


Hay algo que me chirría en lo que expresa la señora Melania Vega en su respuesta al presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves. Si bien dice sentirse orgullosa de ser doctora, ser médica especialista, trabajar para la Caja Costarricense del Seguro Social y de estudiar derecho, en ningún momento hace una defensa de lo público, no hay una defensa del sistema público de salud costarricense. Es más, no habla de jornada laboral, sino que ella habla de jornada de producción, usando un lenguaje en el mismo tono neoliberal y con olor a producción industrial en serie.

Pienso en  Rodrigo Chaves, presidente de Costa Rica y aspirante a Trump y a Milei; pienso en  Rodrigo Arias, Pilar Cisneros, Eli Feinzaig,  en diputadas, diputados PLN- PUSC, o aquellos del PAC de memoria poco grata, o en cualquier empresario de cámaras empresariales, quienes abogan por  mayor productividad,  jornada de producción en lugar de jornada laboral, y que llaman “colaboradores” a los trabajadores. Usualmente son ellos y ellas, los que se expresan claramente en esa cadencia  neoliberal, pero esta vez lo hizo la médica.

El neoliberalismo permea todo,  incluso a los trabajadores, incluso a los funcionarios públicos y también a una trabajadora, como es Melania, que por más especialista en medicina, sigue siendo una asalariada del estado y de una institución esencial para salvaguardar la vida digna y la salud de la clase  trabajadora que cotiza para pagar el salario de los profesionales especialistas y mantener con vida la Caja Costarricense del Seguro Social. 

Sí,  quienes acuden a la Caja Costarricense del Seguro Social, tienen derecho a la salud y a la atención médica. Y es que  el sistema de seguridad costarricense se basa en la solidaridad y en los aportes de la clase trabajadora, patronos y estado. Sí, las personas trabajadoras cotizan, mes a mes, para pagarles el salario a los médicos y a la Dra.

Melania, mucho menos habla de las jornadas extraordinarias de trabajo, por mucho extenuantes y poco sanas para cualquier persona trabajadora, como lo es ella. Tampoco refiere a la necesidad de más médicos especialistas, parece que este tema es casi vedado para la discusión.

Los pacientes que atiende, al final para ella y para la misma institución, son números. Y es que así se expresa el neoliberalismo en números, en estadísticas para medir la eficiencia y la productividad. Luego, al mejor estilo del individualismo neoliberal, la médica Vega, nos señala sobre los 1723 pacientes, o sea personas atendidas, las cirugías y demás procedimientos médicos que ha realizado, y que ella calcula en  190 millones de colones el costo de atención, mencionando que es lo que ella, o cualquier otro médico, ganaría en la medicina privada o lo que le deberíamos pagarles en la privada.  Olvida que fue la clase trabajadora costarricense, que ya  pagó parte de su salario.

Melania, ni siquiera hace una reflexión sobre ética y la solidaridad que existe en el sistema de seguridad social costarricense, sino que se enfoca en su posibilidad de lucro.  Claro está, quienes son especialistas en medicina, merecen salarios justos, jornadas de trabajo dignas y también de descanso.

Siguiendo con el lenguaje del post, usado por Melania. La médica Vega  Oreamuno, se siente orgullosa de hacer trabajo excesivo. Tal y como lo hicieron algunas diputadas cuando se discutía la ampliación de la jornada laboral, la llamada 4 /3, sea 4 días de trabajo de 12 horas cada uno por 3 de descanso.

Las personas trabajadoras tenemos derecho a una jornada laboral. Quienes trabajan  atendiendo seres humanos enfermos,  también cumplen una jornada de trabajo, pero al parecer, al menos para Melania no es jornada laboral sino una jornada de producción.  Atender personas enfermas no un proceso de producción, tal y como dice la médica,  al estilo de maquila industrial, o de producción en masa,  que refiere a mayor eficiencia, menores costos y tiempos de producción más rápido. Una pena que médicos y médicas de la seguridad social costarricense piensen así.

 Melania la Dra., obvia la conciliación familiar y los cuidados, algo que las feministas hemos puesto en el centro del debate para hacer frente al desmantelamiento de lo público, incluida el sistema de salud.  Sí, la vida digna, la solidaridad y los cuidados como esenciales.

Pues eso, que la médica habla al mejor estilo neoliberal; recalca la meritocracia, el individualismo, el discurso de la producción, el lucro, las estadísticas,  la eficiencia, su derecho a ganar mucho dinero por ello. Claro está, mientras otros, las grandes mayorías trabajadoras no llegan a fin de mes o  apenas les alcanza un salario mínimo de vergüenza en un país donde el costo de la vida es altísimo.

La salud es un derecho, no puede estar supeditado al individualismo, ni al gremialismo, ni a los buitres que aspiran la privatización de lo público. La salud es un derecho humano, y no puede estar supeditado al lucro, tampoco a los intentos de los  gobiernos de turno por destruir una de las instituciones más importantes de Costa Rica.  Y es que a la Caja Costarricense de Seguro Social, el estado le adeuda dinero. 

La salud, tiene que ver con la defensa de la institucionalidad, la defensa de los servicios públicos y no, no es el chantaje de irse a la medicina privada, bajo el sacrosanto derecho de la libertad de elección.

El derecho a la salud, tampoco es la retórica del feminismo de la prosperidad neoliberal, con que nos habla Vega,  ese  que nos indica ser exitosas y romper  los techos de cristal. Ese feminismo de los discursos del éxito empoderado. 

Y es que cada vez, que alguna mujer rompe los techos de cristal,  los cristales rotos serán otras mujeres las que los recogerán con sus pies pegados  al lodo. Los limpiarán aquellas mujeres que trabajan por salarios de hambre y jornadas extenuantes, sin espacios de cuidado, ni para ellas ni para sus criaturas y muchas veces sin siquiera seguro social.

Urgen más médicos y médicas especialistas, urgen salarios justos para las personas trabajadoras,  sobre todo para las que menos ganan; trabajadores del campo, en las plantaciones de piña, en las plantaciones de banano, trabajadoras de zonas francas; urgen salarios justos para las trabajadoras del hogar,  para las jornaleras; salarios justos para choferes,  para las maestras,  para secretarias, salarios justos,  para profesionales en medicina, para profes de universidad, para conserjes, para barrenderas, para quienes recolectan  la basura. Salarios justos, cuidados y jornadas de trabajo menos extenuantes para la clase trabajadora, la que madruga y genera riqueza. Urge ética, solidaridad y lazos de comunidad urge también, dosis de realidad.

El feminismo combativo y de clase, nos enseña que nadie debe quedarse atrás. Más igualdad y menos desigualdad.  Los cuidados en el centro. Más justicia social  y defensa de lo público, más lo colectivo, menos individualismo y más insumisión ante un sistema que nos depreda.

Un trabajo digno, jornadas de trabajo justas, salarios justos y derecho a la salud, son derechos consagrados constitucionalmente. 

No es ponernos a pelear entre quienes estamos abajo, sino más bien luchar para ensanchar la justicia social. Sí, el acceso a la salud es un derecho y es democracia.

No me refiero a la ortografía de la médica, esperemos que acentúe el pulso, pero eso se lo dejo a los profesores de derecho.

Ana-Marcela Montanaro


jueves, 8 de febrero de 2024

Enid Cruz Ramírez: Un feminismo sin paredes





Enid Cruz Ramirez, gracias por dar el paso y poner tu cuerpo en el proceso electoral municipal que culminó el domingo. No te voté por ser mujer. Yo de ese feminismo paso, porque no creo en la sororidad abstracta ni el empoderamiento que hoy nos venden las retóricas de feminismo frívolo y de identidades fragmentadas sin ningún tipo de perspectiva por construir comunidad. 

Te voté por ser una mujer con conciencia de clase, una mujer valiente, de izquierdas y una mujer coherente. Una mujer que ha tejido siempre lo colectivo echando andar un feminismo situado. El feminismo que has ayudado a construir está lejos de las retóricas neoliberales y frívolas que hoy campean en muchas de las expresiones del feminismo de la prosperidad y del género empoderado, esos feminismos que se parecen más a una sociedad anónima o a un club, haciéndose cómplices de la exlcusión y que bajo las retóricas de la equidad y sorororidad abstractas, fragmentan luchas sin ninguna aspiración real a la transformación radical, sobre todo para las mujeres empobrecidas y excluidas por este sistema colonial-racista-capitalista-patriracal.

Gracias, Enid, por plantarle cara a lo rancio, a las políticas excluyentes, al bipartidismo religioso, clientelar y corrupto, que aunque se vista a la moda, de género y equidad, sigue siendo lo mismi-tico, ese bipartidismo que ha empujado el neoliberalismo, al fundamentalismo religioso y a los autoritarismos. Por plantarle cara a los señoros y señoras, esos que cambian de ideas de acuerdo a su interés clientelar de trepar en lo local y nacional.
Te voté por tu fuerza, por la coherencia que te habita.

Es necesario contar la historia de ese feminismo del que aprendimos tantas, ese que echaste andar de la mano del Dr. Luis Guillermo Ortiz, nuestro Doctor Ortiz en el  Hospital sin Paredes, escribir  la historia de  Musade... El programa de defensoras populares, los grupos de ayuda y ese camino empedrado que has/hemos alivianado a tantas mujeres, caminos que has/hemos acompañado. Poner con tinta y sobre papel, el feminismo con conciencia y coherencia del que has sido partícipe.

Gracias por ser maestra y compañera de tantas de nosotras, por enseñarnos del feminismo siempre transgresor, situado, sin pretensiones, el feminismo necesario, ese que es verdadaderamente revolucionario. Ese que nunca ha sido excluyente, ese feminismo que suma compañeros y luchas por vidas que merezcan la pena ser vividas.

¡Un feminismo sin paredes!

Gracias, compañera. Maestra, siempre. 

Ana-Marcela Montanaro
AMS invierno y 5 de febrero 2024

jueves, 28 de diciembre de 2023

No es un hecho aislado, se llama patriarcado.





 


El 24 de diciembre Costa Rica amaneció de luto. A la vuelta de la casa de mis padres, en San Ramón, Braidyn Badilla Bolaños fue asesinada por su pareja. Ella, una chica lista, trabajadora, alegre, valiente y con toda una vida por delante. Es un feminicidio, que sacude nuestra tristeza.
El feminicidio de Braidyn, nos hace llorar, al tiempo que nos pone de frente, en nuestras caras y corazones, que la violencia machista es letal, que la violencia contra las mujeres está presente en nuestro andar cotidiano, aunque la escondamos, aunque a veces cerremos los ojos, o no la podamos ver.
No es un hecho aislado, no es un asunto individual, es una tragedia colectiva. No es un caso aislado, se llama patriarcado.
Es doloroso comprender que la violencia machista se ensaña, y se ha ensañado, con nuestras amigas, vecinas, hermanas, hijas y también con nosotras mismas.
Cuántas veces, pasamos por alto las alertas; los gestos violentos, reímos los chistes, las descalificaciones, justificamos el control, minimizamos las amenazas y justificamos los celos. Y nunca falta, alguien en la conversación, que diga sin inmutarse: “la golpearon porque se lo buscó; la violaron porque se lo buscó”.
En el feminicidio, siempre hay una responsabilidad social: el silencio colectivo que se hace cómplice de la violencia machista.
Ninguna mujer merece ser asesinada, y menos en manos de quien dice amarla. Y no, no fue un loco, quien cometió este crimen, el asesino es un hijo muy sano del patriarcado.
El patriarcado impone la violencia, y construye la desigualdad entre mujeres y hombres, crea masculinidades controladoras, violentas, que desprecian al débil y justifican las agresiones y la crueldad, como forma de expresar el poder.
Las feministas hace ya mucho que lo decimos, lo estudiamos, lo alertamos: Vivimos en sociedades machistas, profundamente misóginas y violentas. Aun así, hay voces que nos dicen locas, exageradas y hasta algunas gentes, se atreven a decir que la violencia machista no existe en el país del pura vida.
Es muy doloroso ver que Braidyn, tenía como foto de perfil en su Facebook, su cara sonriente enmarcada con la frase “Nací para ser libre y no asesinada” y fuera de las redes sociales, en la realidad, su pareja la agredía.
A veces, pareciese que el feminismo se ha vuelto moda, tan de moda que no está en ningún sitio de manera seria y profunda. No, el feminismo no es moda, ni un objeto de consumo.
El feminismo dista mucho de ser una frase que enmarca fotos en facebook, dista mucho ser la banalidad o frivolidad al estilo Shakira, del feminismo Barbie, de las discusiones banales en redes sociales, o de perreo del reggaeton.
El feminismo no son memes, o reels, algunas veces sin sentido, el feminismo es la creación de espacios libres de violencia. Y que todas, podamos regresar a casa solas, a la hora que nos dé la gana y si queremos, también borrachas.
El feminismo, es alzar la voz contra la violencia machista, es una lucha histórica por el buen vivir, la igualdad y la libertad de las niñas y mujeres.
El feminismo es un asunto serio, porque se trata de nosotras las mujeres, que somos la mitad de la humanidad.
El feminismo está en nuestra memoria larga, un camino de lucha que iniciaron quienes nos antecedieron. Es una forma de enfrentar la vida, en lo individual y en lo colectivo,
El feminismo nos da fuerza y valentía para apropiarnos de nuestros derechos, es algo así como convertirnos todas defensoras populares las unas de las otras, de saber que nos tenemos como una tribu amorosa y solidaria; porque si tocan a una nos tocan a todas.
El feminismo nos enseña a no pasar por alto las alertas machistas, porque si hay control, celos, descalificación y manipulación, ahí no es, eso no es amor, eso es violencia machista. Es el ponernos las gafas violeta, y percatarnos que el machismo se expresa de muchas maneras.
El feminismo es poner la vida en el centro, son programas de prevención, educación, cuidado y sensibilización. Es construir la justicia.
Ante el horror de la violencia feminicida, el punitivismo resuena después de la tragedia y que se ponga al responsable en el cadalso. Hay gente pide a gritos la venganza como sinónimo de justicia.
Se construye un discurso en nombre de los derechos de las mujeres, y feminista, que alienta el punitivismo, el aumento de las penas de cárcel, pero sin buscar combatir las causas estructurales, culturales, económicas de la desigualdad que existe entre mujeres y hombres, esa que abre paso a la violencia feminicida.
La justicia, no es la venganza, ni tampoco son los ajusticiamientos. Sí, el hombre responsable del asesinato de Braidyn, debe enfrentar un jucio. Sí, debe responsabilizarse del hecho violento y cruel que perpetró. Sí, debe enfrentarse a un juicio y asumir la pena correspondiente. Sí, el Poder Judicial debe cumplir con su parte y ser garante de la justicia.
Pero la cárcel por la cárcel poco resuelve y más bien alienta la violencia.Tampoco lo resuelve el ojo por ojo, ni más sangre, ni más dolor, nos dará paz ni libertad. Solo una nueva dimensión del valor de la vida, necesitamos erradicar la desigualdad y el machismo de la sociedad, para construir sociedades que garanticen la vida digna y el buen vivir.
La justicia feminista, implica que quienes son víctimas de la violencia machista puedan tener la certeza de que se sienten las responsabilidades dentro del marco de la ley, se sienten las responsaibilidades individuales.
Las instituciones y el estado, deben asumir las responsabilidades que le corresponden: tomar acciones para prevenir, erradicar y sancionar todas las formas de violencia contra las mujeres.
La justicia feminista, es la búsqueda de la verdad, justicia y reparación, pero sobre todo, una garantía de no repetición; que estos hechos no ocurran nunca más,
La justicia, es también un proceso de memoria colectiva e histórica, para que el feminicidio de Braidyn no quede como un hecho aislado.
¿Qué redes de cercanía y solidaridad tenemos a nuestro alcance? ¿Tenemos las mujeres realmente libertad, para decidir sobre nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestro andar?
¿Qué estamos haciendo como comunidad e individualmente, para construir y alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Qué estamos haciendo para conseguir la justicia social y una comunidad de paz?
Apremia un trabajo pedagógico, liberador feminista, enfocarnos en construir relaciones sanas entre seres humanos.
No justificar nunca más las relaciones de masculinidades agresivas y las relaciones de poder /control /sumisión; dominio/posesión y entrega; porque no son sinónimos de amor y afecto.
Y en este tema el feminismo, es central. Los hombres deben ser parte de la lucha, es necesario que ellos asuman su responsabilidad en erradicar el machismo, y construir una sociedad, un barrio, una familia de iguales y libre de violencias.
Requerimos programas de educación para la igualdad entre hombres y mujeres; en relaciones afectivas, emocionales, sentimentales.. Despatriarcalizar lo cotidiano.
Construir lazos del buen vivir en lo que nos une y en lo que nos separa. No avalar, ni reproducir, discursos de odio, sexistas, machistas, racistas, xenófobos, ni de rechazo a lo diferente.
Se requiere de una institucionalidad pública con perspectiva de clase y feminista que garantice los derechos sociales, que llegue a todos los sitios y nos alcance a todas.
Urgen mecanismos para evitar la repetición de la violencia machista, requerimos espacios para promover la reflexión sobre la ética del cuidado y los lazos de solidaridad, construir comunidad y sabernos parte de ella, en lo cotidiano y no solo en la fugacidad de la tragedia para quienes miran las redes, o en la permanencia de lo trágico, para quienes lloran a Braidyn.
Defender la vida, es defender el buen vivir. Es acuerparnos todos los días y sabernos que juntas somos fuertes. Nos queremos en paz, alegres y vivas, nos queremos libres, felices, plenas, sin miedo y con las necesidades materiales cubiertas.
Recuperemos la fuerza de la memoria colectiva, para que nunca más tengamos que gritar, ni una menos, ni una más.
Construyamos un feminismo cotidiano, de lazos fuertes, amplios y no como guerra. Así también, podremos honrar la vida de Braidyn, su legado, su fuerza, amor y su sonrisa.
Para toda la familia de Braidyn, en especial para su madre, Kattia, a quien recuerdo con gratitud , mi solidaridad, cariño, mi respeto absoluto y un abrazo profundamente humano.
Vivas y libres nos queremos. ¡Basta de patriarcado criminal!

Para que las flores renazcan siempre.

Por la memoria, esa que nos hace humanos.

Ana Marcela Montanaro
AMS, 26 de diciembre 2023




domingo, 9 de abril de 2023

Enfermedad, muerte, facebook y tik tok

 

El fallecimiento del periodista Gerardo Zamora, conmueve a Costa Rica. Sin duda, una triste noticia.
Desde hace un tiempo el cáncer que lo aquejaba, generó en redes un espectáculo y una exposición mediática de la enfermedad.
Desde ayer y luego del fallecimiento del periodista, las redes en Costa Rica muestran sin pudor la glorificación religiosa en toda su magnitud. La religiosidad costarricense es cotidiana, pero este caso la muestra en su esplendor.
Su muerte, fue el capítulo que culminó el recorrido del espectáculo de la exaltación religiosa del dolor, la enfermedad y la idealización de una mítica feminidad. Alucinante. Vida, enfermedad y muerte. Neoliberalismo, religiosidad y sacrosanta sumisión femenina. La Caja Costarricense del Seguro Social convertida en una sucursal de milagros divinos.
Las redes sociales, la prensa y parte del cotilleo rosa costarricense pusieron el foco en la enfermedad, la muerte y la redención a la vida eterna. Mostraron las redes sociales a un hombre enfermo gravemente y a su mujer, bonita e inteligente, que no dejó de cuidarlo. La familia vista como perfecta, con recursos económicos, blanca y educada. Una pareja de personas guapas, marido y mujer y sus dos criaturas. Que luego fueron tres. El difunto cuasi santificado y la mujer que lo cuidó con aire virginal, de la perfección de la femineidad maternal inexistente, pero que pervive y vende.
Nadie puso el foco en el reparto de los cuidados y la obligación estatal de asumirlos. Tampoco, se habla de la crisis de la salud púbica y de la crisis que enfrenta la Caja Costarricense del Seguro Social, a causa de los recortes provocados por los políticos de ayer y los de hoy.
La pareja de profesionales periodistas, ambos con un manejo impecable del verbo, pusieron a la venta la imagen, la enfermedad, la cotidianidad y la muerte. Y muchas personas fueron convertidas en espectadores.
Para las navidades pasadas, la pareja fue al Hospital México , uno de los más grandes que tiene la seguridad social costarricense, pero en lugar de llamarlo por su nombre lo bautizaron como “fábrica de milagros” y fueron a repartir panetones Bimbo a los funcionarios sanitarios, personas que son imprescindibles para que el derecho humano a la salud sea garantizado en la vida digna, en la enfermedad y en la muerte digna.
Algo que me llamó la atención es que la pareja de periodistas,no mencionó la salud como derecho sino como “milagro”. Para proceder luego, eso sí, a repartir los panetones, al tiempo que anunciaban la marca comercial agradeciendo con especial estima angelical, a los funcionarios que sostienen la vida en un hospital público. Todo giraba en los milagros. No hicieron ni uan sola referencia a la importancia de la Caja Costarricense del Seguro Social. Ni siquiera mencionaron una palabra sobre el valor humano de los servicios públicos, sobre la necesidad de los cuidados y la obligación del estado en procurarlos.
En aquel vídeo, no hubo ni siquiera una palabra en defensa del derecho humano a la salud y la importancia de la solidaridad en una comunidad.. Al contrario, en ese video sí hubo una mención especial a Bimbo y sus panetones. Todo Dios. Todo marcas comerciales.
Y luego nos preguntamos ¿por qué en Costa Rica no hay un movimiento fuerte en defensa de la salud pública?
Que no quede duda, para la mayoría de la población, lamentablemente, la salud es vista como un milagro y la caja asumida como una fábrica de milagros, al mejor estilo Disney.
Mientras tanto, me repito como mantra, que los hospitales no son fábricas de milagros,que la sanidad pública se sostiene con el pago de las cuotas de la seguridad social, porque es un derecho de la gente y una obligación del estado brindar salud pública a la población en igualdad de condiciones. Que la seguridad social costarricense es una de las mejores que hay en América Latina y que es reconocida a nivel mundial.
Y si bien la gente tiene derecho a creer en los milagros, la seguridad no se sostiene por milagro, tiene presupuesto público, porque es reconocida constitucionalmente, y porque los seres humanos tenemos derecho a la salud pública de calidad. Que el personal santario merece condiciones dignas en su trabajo, personas que forman parte de un sistema que garantiza la salud a la gente costarricense, sin mirar si es rico o pobre, estudiado o analfabeto.
Ayer mismo, luego del lamentable fallecimiento de Gerardo Zamora, un hombre Richard Gerli, pastor, consejero religioso de los Hombres de negocios, escribió en sus redes sociales,que a solicitud de un profesional en psicología, logró que Gerardo entregase su vida a Jesús. Divulgando, la vida privada del periodista y su mujer. La esposa sumisa, y el enfermo, que un tiempo caminó a la deriva, todo de acuerdo a lo que dice el señor.
La enfermedad, la muerte, el dolor convertido en un espectáculo religioso, avalado por la gente; la de a pie, la de autobús y la del cochazo. Todo una mercadotecnia al mejor estilo del bimbo en tik tok. Toda la exaltación de la religiosidad.
Los terceros convertidos en audiencia asisten a un espectáculo. La enfermedad y la muerte convertidas en un espasmo comercial. Un duelo, al mejor postor. Los discursos religiosos, con pompa y esplendor, como si no bastasen los de la Semana Santa. como si no bastasen los de los pastores de atril y curul.
Y todavía nos preguntamos acerca de las razones del avance del fundamentalismo e integrismo religioso en Costa Rica. Hoy por las redes, toda esta deriva de la religiosidad es expuesta sin recato. Aplaudida por las mayorías y expuesta por unos y otros, también por les unes y les otres.
Los medios de comunicación sacan provecho del duelo con una nauseabunda religiosidad. Hay un silencio en redes frente a este espectáculo, supongo que hay afectos de por medio. No lo sé, tampoco me interesa. A mi esto me resulta de lo más grotesco. La espectacularización religiosa del dolor.
En medio de esa mezcla de miedo y repugnancia afirmo: Costa Rica país plagado de silencio endogámico, conservadurismo; además de hipócrita, misógino y clasista. Racista, muy racista. Familia, Dios y propiedad privada. Enfermedad, muerte, facebook y tik tok.
¿Intimidad?, de eso es mejor no hablar, esa no vende.
Que la tierra le sea leve a Gerardo.
A su familia, paz.
Ana-Marcela Montanaro

lunes, 4 de abril de 2022

Votar con una pinza en la nariz


 #costarica #Elecciones2022 Fui a votar sin ilusión y con tristeza. Con las palabras atragantadas en el centro de mi cuerpo. Con el dolor atravesándome entera  y en mi brazo. 

Pensé en la justicia social. No hay. En Costa Rica esa palabra ha sido olvidada. Esa acción no parece concebirse. 

Pensé en el enfado de la gente. En un país en donde unos señoros, muy señoros y unas señoras semejantes a esos señores,  se reparten todo, hasta aspiran repartirse entre ellos la alegría. Y quieren robarnos todo, hasta la ilusión y la rebeldía. 

Pensé en los proges neoliberales y las feministas del progresismo neoliberal. Ese feminismo elitista y del éxito. También responsables de esta debacle política. Pensé en los derechos humanos y los fragmentos. Eso han provocado lo identitario de colores arcoíris acorde al neoliberalismo.  

Pensé en mis hermanas indígenas. Las luchas por la madre tierra . 

Pensé en las banderas. Trozos de tela. Las de hoy, Ambas llevan el color verde. Verde como mi tristeza. 

Pensé en mi memoria.  La memoria larga que me hace y me mueve. 

Abrí la papeleta. La papeleta olía feo.  

Me puse una pinza en la nariz. Pensé en las mujeres. Pensé en mis amigas. Pensé en la violencia y como la  sociedad la hace corriente y natural. Ni siquiera la ve. 

Pensé en mis abuelas. Porque ellas fueron, hoy  nosotras hoy somos. 

Pensé en todo lo que tenemos que hacer. ¿Como organizar la rebeldía? 

Hace cuatro años escribí: no hay vuelta de hoja. El proyecto pos neoliberal , autoritario, anti democrático y fundamentalista religioso llegó para quedarse. Hoy lo escribo nuevamente 

Pensé en el sentido común.

Me puse  una pinza en la nariz. Cerré los ojos. Lloré. 

La lucidez feminista me dio la fuerza y voté. #Elecciones2022 #costarica

#Figueres #RodrigoChaves #EleccionesCostaRica

domingo, 19 de diciembre de 2021

Que viva siempre el buen amor

 


Coincidir con una persona que a una le alegre los ojos, le haga bailar el cuerpo y las palabras, es un regalo maravilloso. Puede resultar difícil de hallar, pero menos fácil aún, es decidir pasar y compartir la mayor parte de la vida junto a otro ser humano, eso sí que es difícil.

La decisión amorosa es una cadena de aciertos, desaciertos, encuentros y desencuentros. La decisión de decir sí es sobre todo construir amorosamente las decisiones vitales y cotidianas.

Me atrevo a decir esto, porque lo he visto en la relación construida por dos seres humanos que coincidieron por primera vez hace 62 años, pero que no fue hasta 10 años después, un 19 de diciembre de 1969 que decidieron vivir el amor, caminar hacia un altar e iniciar la experiencia de compartir y acompañarse en el recorrido del camino cotidiano y vital.

Porque eso de que el amor es una asunto de color rosa y de mariposas en el estómago es un cuento, que de ficción todo lo tiene. Pensar que el amor son las películas de Navidad y sofá, es vivir lo irreal. Ese amor líquido y banal de vivir fuera y no dentro. El egoísmo de color rosa nunca será amor.

El amor desechable del mercado patriarcal y capitalista, eso es una mercancía, es violencia y eso dista mucho de lo que es una relación amorosa entre dos seres humanos que dicen sí, no una vez en la vida, sino que el decir sí lo hacen verbo cada día. El amor que también sabe decir NO. Dos personas que se saben personas e individualidades diferentes, independientes, libres y autónomas

Oscar y Olga , Olga Martha y Óscar. Osquir y Olguis. Padre, Madre. Abuelito y Abuelita.

Más que las bendiciones eclesiales a mi madre y a mi padre, lo que los ha permitido caminar juntos, a veces, eso sí por rutas diferentes del mismo camino. Es la voluntad, es la libertad y la alegría de saberse cómplices más allá de los mandatos de lo que para el mercado configura eso que vende bajo el nombre “amor eterno”.

Oscar y Olga, con plena conciencia de sus luces y de sus sombras, sus aciertos y desaciertos, decidieron construir una experiencia vital para ser compartida y nunca invadida.

De ese sí risueño, meditado y racional que se dieron la mañana del 19 de diciembre de 1969, se construyó con el paso de los amaneceres en una relación vital libre, sólida, amorosa, comprometida no solo en lo individual sino que ellos comprendieron que el hecho ser pareja no es un asunto de dos, sino que es un asunto colectivo y un acto político de amor, nunca un acto comercial de pose, religiosidad o hipocresía. Fue y sigue siendo un acto de amorosa libertad.

Bueno, esta es mi apreciación, supongo que esto no ha sido nada fácil, aunque no por ello ha dejado de ser gratificante.

Ella, Olga Marta, mi madre, con un carácter fuerte, feminista y vital; apasionada, trasgresora, rebelde, directa. La mujer con más energía que conozco.

Él, Óscar, mi padre, con un carácter pausado, amante de Jorge Luis Borges y de la literatura; amoroso con los gatos, introvertido, racional y metódico. El hombre con pausa y con la sonrisa más linda que mis ojos han visto jamás.

Mi padre el silencio y mi madre la pasión. Ambos personas inteligentes, listas, estudiosas, honestas, simples, complejas, comprometidas y coherentes en el decir y en el hacer.

De estas dos personas; tres hijas: Ana Marcela, Adriana Rosa y Maria Esther. Un nieto: Jorge Arturo, También muchas criaturas no humanas, perros, gatos y una vez hasta un perico. Así es la hibridez Montanaro Mena, o Mena-Montanaro.

Ellos son 52 años de amorosa convivencia y más que un asunto temporal lineal su andar uno junto al otro, Pienso en el tiempo circular. El tiempo que se cuenta de manera inusual para esta sociedad de consumo. El tiempo en ciclos. Es un tiempo en tiempos de muchas vidas, cuerpos e historias vitales. Es un tiempo en otra cadencia, con lluvia, sol, lunas y mares.

Nosotras, sus hijas y el nieto, somos la mezcla, la hibridez de la diversidad de un amor que espacial y temporalmente se ha transformado en amores. Todas diferentes, como los dedos de la mano, dice mi madre.

Cada una de nosotras diferencia esencial, Marce, Adri, Esther, y Arturito,. eso sí somos disciplinadas con un compromiso político, intelectual y vital por hacer de esta sociedad un sitio mejor. Compartimos eso sí, el valor y el amor por la sencillez, las pequeñas cosas y aprender, pensando siempre en la justicia social. Somos la vida que Óscar y Olga iniciaron, el camino que ambos nos enseñaron y nos enseñan.

Hoy de los 6 seres humanos, Montanaro, cuatro están en la cintura de América Central, en Costa Rica, Olga Marta, Óscar, María Esther y Arturo, las otras dos estamos aquí: Adriana, y yo, Ana Marcela. Hoy no estamos en el espacio físico cercano, pero hacemos, lo que estas dos personas maravillosas a las que llamamos mami y papi, nos han enseñado, a ser libres, valientes, disciplinadas y amar el estudio y trascender fronteras para crear otras maneras de relacionarnos con el mundo. Más vale el ser que el ser que el tener.

Pues eso, del acto amoroso de decirse algunas veces sí y algunas otras veces decirse no que inició hace cincuenta y dos años, hoy sigue su curso con pausa.

Es la expresión de la decisión vital que inició una mañana luminosa y ventosa del 19 de diciembre de 1969. Decir sí, decir no, es mirar a otros ojos en libertad y es lo que permite que el amor continúe siendo un amor en lo individual y muchos amores en plural, en lo cercano, en la distancia, en lo cotidiano, en lo individual y en lo colectivo; en el espacio doméstico y en el espacio público. Un amor, muchos amores.

Hoy, cincuenta y dos años después, el paso es más lento, más cómplice, más amoroso, es ya eterno. Es la mano de mi madre del brazo de mi padre. Es el café, la granola, la avena, los libros y el conspirar .

¡Qué viva siempre el buen amor! Los buenos amores que hacen que no perdamos la esperanza de que lo pequeño se vuelve enorme, que lo individual se hace colectivo y que el mundo puede y será mejor...

Madre y Padre, enhorabuena por el camino iniciado hace 52 años, la ruta repleta de incertezas y certezas, que se ha ensanchado en jardines, bibliotecas y laberintos. El espacio que nos recuerda con plena certeza que el amor será libre o no será. Que en la sencillez se teje la fuerza, la ternura, las lealtades y complicidades.

Gracias Madre, gracias Padre por los amores multiplicados, híbridos, mestizos. Gracias por amarnos, nosotras las hijas y el nieto, somos parte de vuestras luces y de vuestras sombras. Sin duda el legado de lo mejor que cada uno aportó a nuestra carga genética.

Gracias por los 52 años del inicio del proyecto cotidiano de amor.

Gracias por la amorosa historia, que es y seguirá siendo presente en cada uno de nuestros pasos. Nosotras somos vuestra continuación.

Gracias por el buen y bonito amor.

Siempre ❤️

Ana-Marcela Montanaro

Madrid, invierno y diciembre 19 de 2021

sábado, 18 de septiembre de 2021

Luces artificiales



 Costa Rica conmemoró el 15 de septiembre 200 años de la independencia política de  España. Las celebraciones institucionales fueron rimbombantes, por lo alto, lo bajo  y alumbradas por la prensa.

Hace 200 años,  Costa Rica dejó de ser formalmente una colonia y se convirtió en una democracia criolla insuficiente, violenta y excluyente, pero revestida de mitos de paz, igualdad y felicidad. La Costa Rica del bicentenario, la Costa Rica imaginada. La de las luces artificiales y del buen vestir. La de la estética criolla. La Costa Rica mítica, de los igualiticos y hermaniticos. La de la puritica vida.  Todo colorido y tan hipócrita.

Abundancia de juegos  pirotécnicos para unos cuantos, mientras la oscuridad, el sufrimiento y el silenciamiento de la exclusión,  para miles de personas empobrecidas, sin acceso a la vida digna.

La Costa Rica desigual, la de las banderas, la patria pacífica y diseñada para creer sin ser. El país del bicentenario criollo, violento contra los pueblos indígenas y grupos empobrecidos.


El país empresarial del egoísmo bicentenario, de salarios que no alcanzan. La democracia de la libertad del empoderamiento y emprendedurismo,  la aspiración de tocar el cielo y a tener amiguetes políticos o narcos. La Costa Rica de políticos de todo color y tamaño que dan la espalda a la gente.

El país los fragmentos y segmentos de derechos humanos y reconocimiento identitario sin redistribución  de la riqueza. Sin debate democrático.

Todo bucólico y hipster. Tan de los derechos de las mujeres, para algunas mujeres. La Costa Rica de los feminismos prósperos, de las mujeres del éxito y aborto ya, pero sin que a ellas les importe la pobreza y marginación de miles de mujeres. Tan LGTBI, de colores pero sin compromiso por vidas dignas que merecen la pena ser vidas. 

La Costa Rica Ideal (como la marca de leche) sin Centroamérica y ojalá sin nicas. La democracia insuficiente, criolla, racista, clasista que destila violencia, patriarcado, injusticia y sufrimiento.

Los políticos criollos sean progres o religiosos neoliberales, católicos, evangélicos, todos mediocres, pero  brilla el nacionalismo.  Políticos sin creatividad, tan neoliberales y egoístas, pero tuanis. Todo es tan falso, tan imaginario y tan pintoresco.

Los éxitos presidenciales del Bicentenario de la democracia criolla. Carlos Alvarado y su mujer, compartiendo fotos de ciudades alrededor del mundo alumbradas artificialmente de luces blancas, azules y rojas

La celebración. Todo es tan bonito, tan próspero, tan imaginado, tan falso… 

Basta de postureo y espejismos. Urge la Justicia social, feminista-antirracista completa y no en fragmentos criollos de hipocresía. 


lunes, 12 de octubre de 2020

El exilio de mis pasos, soy la extranjera


El 11 de octubre de 2014, me convertí en extranjera. Llegué a Madrid, con dos maletas, una mochila, un par de libros, cuatro bolsas de café y un ordenador. La excusa fue venir a sacarme un máster.
Seis años después, cuido muchas plantas, en mi salón hay flores, en mi cuarto un armario, tengo un ordenador, una biblioteca y una bicicleta. Soy estudiante de doctorado y tengo amigas entrañables. El café ya se acabó.
El 11 de octubre es mi segunda fecha de cumpleaños.
Decidí migrar de Costa Rica, con el objetivo de buscar una vida mejor. Me exilié huyendo de la estrechez mental, de la mediocridad, de la ambigüedad política, del igualitico, del hermanitico y de la falsa pura vida.
Me exilié de la violencia de sus calles y de la violencia que produce el irrespeto y discriminación a quienes somos consideradas “raras”, ¨locas¨ por pensar, hablar y vivir como nos da la gana, además por ser la feminista y "roja".
Porque sus montañas, con miles de ojos, me aprisionaban desde que era yo era una criatura. Me exilié porque fue la opción más clara que tenía para sobrevivir. No me equivoqué
Madrid es uno de esos sitios donde una reverdece. Ella me renació. Me revivió. Mi exilio me regala libertad.
He crecido y me enorgullezco de todo lo que hago, porque todo es a puro pulmón.
Porque aquí no soy la loca, aquí soy una "loca" más, escribí un libro y pronto otro verá la luz editorial, también hago un sinnúmero de cosas interesantes.
Hoy mi cuerpo piensa y siente diferente. Todos mis sentidos aprendieron a sentir.
Aprendí a reconocerme como una mujer no blanca, a ser una centraca. Nací y crecí en la Cintura de Abya Yala. Soy hija del territorio centroamericano, saqueado convulso y violento, pero tierra fuerte y valiente. Tierra Maravillosa en medio de la violencia, la tristeza, Tierra de alegres rebeldías. Nací en Centroamérica, en Costa Rica y cuando hablo de ella el amor se transforma en pasión y se me salta por la mirada.
En estos seis años mis palabras han cambiado. Hablo con otra cadencia. No la de aquí, no la de allá. Mi acento cambia, como cambia la vida misma. Vivo en una gran frontera. Porque los procesos migratorios nos transforman, nos enriquecen a pesar de los desarraigos y las carencias materiales, simbólicas o de cualquier otro tipo.
Cruzar el mar, atravesar todas las fronteras, las materiales, las inventadas y las del corazón significa vivir de otra forma y sentir día a día en mi piel el racismo y el clasismo. El racismo que se inscribe en mi cuerpo por ser la migrante, la sudaca, la centraca, la panchita, la costarricense, la extranjera, por ser la otra y vivir la otredad.
El racismo que es más triste que el desamor.
Pero cada día me siento más orgullosa de ser lo que soy. Orgullosa de ser yo misma.
Me enorgullezco de venir de donde vengo, de mi andar, de mis raíces de india, de negra, de migrantes corso, italiano y francés. Orgullosa de ser una hija del maíz. Soy una mujer de colores, rebelde e insumisa. Orgullosa de mi fuerza.
No todo ha sido fácil, pero todo ha sido, es y sigue siendo maravilloso.
Al exiliarme renuncié a muchas cosas materiales y simbólicas, pero migré para salvarme de la mediocridad, de la violencia, del aburrimiento, de los dedos acusadores y del miedo. En mi huida me salvé,me reencontré, me sigo perdiendo y me encuentro cada día.
A pesar de mis privilegios migratorios, vivir un proceso migratorio no es fácil, pero mi auto exilio es gratificante. Agradezco lo que tengo y hago.
En este camino enrevesado he entrado, he salido, he caído, me he levantado, he amado, me han amado, he coincidido con personas extraordinarias, maravillosas, otras no tanto, pero de todas he aprendido. También he llorado y mucho:
Este exilio me llevó a la tierra de canales, viento, lluvias infinitas y flores. Las tierras planas, donde no existen las montañas. Allá frente al río que marcha en pausa, ahí se guarda y vive en el tiempo, una parte de mi. Mi otra familia, la que llevo muy dentro de mi corazón.

Mis pies siguen andando y seguirán cruzando fronteras.
Mis raíces nómadas seguirán renaciendo fuertes en el lugar en que yo decida sembrarlas. Mis manos, libres. Mi sonrisa sonríe en cualquier idioma.

Gracias porque me has dado todo y me has quitado todo. Te quiero tanto, Madrid. 
 ·


11 de octubre y otoño de 2020 


Ana Marcela Montanaro

jueves, 8 de octubre de 2020

A trece años del referéndum del Tratado del Libre Comercio

El 7 de octubre de 2007 fue el Referéndum  para decidir aprobar o no  el Tratado de Libre Comercio  Costa Rica- Estados Unidos. Mi voto fue NO.  Ganó el Sí y con ello la profundización del modelo neoliberal, la pobreza y la tristeza 



Hoy trece años después, mi corazón sigue  diciendo con fuerza un NO.

Aquel domingo voté con el profundo amor que tengo por la gente que tiene hambre, por la gente que no llega a fin de mes, por las madres que no tienen nada que darle de comer a sus criaturas. Voté con un gran amor por  quienes cultivan la tierra de un agro despedazado, por los pueblos indígenas que son cuerpos territorios violent

ados y asesinados, por  las migrantes explotadas. Dije No, por los suelos destrozados por la expansión del cultivo de la piña manchada de sangre, la piña que en Europa se consume desde el exotismo.  

Sigo diciendo no a la violencia feminicida neoliberal que arrasa vidas, cuerpos y territorios. 

Hoy la realidad salta la cara, una Costa Rica desigual y enfadada.

Hoy en Costa Rica, el país donde nací,  muchas personas  se manifiestan y toman las calles, hoy se manifiestan personas trabajadoras, las que no son emprendedoras de empanadas y demás retóricas  neoliberales, hoy no están los universitarios educados, hoy están en las calles personas sucias, sudadas, empobrecidas. Personas excluidas del relato de la democracia de la Costa Rica imaginaria. 

Personas que comen un gallo de salchichón y bailan en medio de la violencia. La gente de la alegre rebeldía .

Mientras tanto, la intelectualidad criolla y urbana que se dice progre, feministas de la prosperidad y políticos hipster, con arrogancia y pedantería, miran con desprecio a quienes ponen el cuerpo, cosa que los sabiondos nunca han hecho.

Desde sus ordenadores  toman  vino y cerveza artesana, atragantados de arrogancia mientras escriben sus posts y comentarios con palabras de desprecio hacia los seres humanos que hoy en las calles, reclaman su derecho a ser y a vivir dignamente 

Mi corazón y amor, también sigue allá con la gente que hoy reclama con valentía su derecho en la historia.

Desde aquí y donde quiera que esté, seguiré aportando mi fuerza para que las vidas merezcan ser vividas y seguiré diciendo No a la injusticia.

jueves, 27 de agosto de 2020

Muchas historias y nuestra Universidad de Costa Rica cumple 80 años

 

Mi universidad cumple 80 años, nuestra Universidad de Costa Rica se hace mayor

Me siento más que orgullosa de haber estudiado en la Universidad de Costa Rica, orgullosa de mi formación académica humanísta, estudié en la mejor universidad del país. Soy parte, soy hija de la educación superior pública costarricense.

La Universidad de Costa Rica, atraviesa mi historia vital, todos mis recuerdos y presentes. Fue aquí donde me formé académicamente, aprendí el valor del estudio y de la investigación; aprendí a ser disciplinada, constante y comprometida con mis proyectos.

Estudié derecho, pero aprendí muchas cosas más, personales, colectivas y temas que no se aprenden en las aulas. Fue en la calles, donde me formé como feminista. 

Mi formación academica me ha permitido seguir haciendo lo que más amo y apasiona, demás a hacerlo bien.

En la universidad pública, mi conciencia social se hizo más clara y contundente. Mi paso por la Universidad de Costa Rica, me formó politicamente; me hizo consciente de que nada valen los títulos académicos sino existe un compromiso con la sociedad, con las personas más vulnerabilizadas y excluidas; que el conocimiento académico no vale de mucho sino se pone al servicio de las demás personas. Esto he tratado de seguir haciendo.

Fue en la unviersidad pública en donde aprendí, desaprendí y volví a aprender.

Sí, soy roja y sí soy todavía soy de izquierda, soy feminista y seguiré teniendo un corazón, pensamiento propio y una lengua libre. Sigo comprometida con el estudio disciplinado y sigo aportando mi energía a las luchas, un granito de arena para tratar de hacer y construir mundos más amorosos, justos, feministas, antirracistas y creativos. 

Estudié en una sede regional, la Sede de Occidente, en la zona rural, Ahí, fui parte del movimiento estudiantil y estuve en polítca universitaria.

Fue en la soda (cafetería) de Ñeco y en la soda de Rogelio en donde he comido las mejores empanadas del mundo mundial, tomado el más sabroso refresco de frutas y el mejor café barato. Frente a vasos de café, cervezas y vino barato con muchos cigarros de por medio, tuve conversaciones y discusiones más que interesantes.

En la Sede de Occidente, mis compas compartimos la alegría mestisa el día que mi padre resultó electo como Director de la Sede de Occidente y unos años depués resultó electo como miembro del Consejo universitario de la Universidad.

En los pasillos de mi amada Sede de Occidente de la UCR conocí el amor, el profesor de filosofía más bueno del mundo mundial, nos enamoramos, nos casamos, nos desenamoramios, nos divorciamos, en ese camino nació nuestro hijo, Jorge Arturo. Luego, me volví a enamorar de un corazón bonito que sigue discutiendo, sin ponerse de acuerdo.

El primer año de carrera, recorrí los pasillos y salones de clase embarazada. Nueve meses después, ese campus me vio con una criatura en brazos y pegado a mis tetas. Esa criatura, muy bien alimentada creció, es la misma persona que sale en la imagen que da origen a este texto. Esa foto nos la hicimos hace como 10 años, en una manifestación por la defensa de la educación superior pública, Jorge Arturo estaba en su primer año de carrera y yo era profesora de derecho en la unviersidad.

Pasa el tiempo pero las luchas no acaban.

Recuerdo con cariño a los docentes, bibliotecarias, conserjes, personas secretarias, choferes, personal de seguridad a todas ellas, mi respeto.  Gracias a quienes han hecho de mi camino personal, académico y politico una ruta que vale la pena seguir andando.

Porque la Universidad de Costa Rica no es un cascarón, por el contrario, es una gran institución conformada por personas y vidas. Nosotras y nuestras pequeñas historias, también somos parte de los 80 años que hoy cumple nuestra universidad.

Y sí, seguimos y seguiremos defendiendo el derecho a la educación superior pública, para que cada vez más sean más voces, acentos y colores quienes también puedan sumar y engrandecer la historia.

#SoyUCR

Ana Marcela Montanaro

Berlín, 26  fin del verano y septiembre de 2020


Foto: La hizo mi amigo hermano, Alexis Rodríguez.